—¿Por qué me miráis de ese modo?—exclamó volviéndose de
pronto. Y aldecir esto se puso fuertemente colorada.
Doña Paula y Venturita soltaron una carcajada.
del feliz arribo de la «bella-paula»
El pelotón de espectadores corrió por las calles en dirección al
muelle.Delante, rodeado de seis u ocho marineros, de su hijo
Pablo y algunosamigos, iba don Rosendo, silencioso,
preocupado, escuchando loscomentarios de sus acompañantes,
que los pronunciaban con la vozentrecortada por la fatiga.
—Tiene suerte don Domingo; llega con más de media
marea—dijo unmarinero aludiendo al capitán de la Bella-Paula.
—¿Qué sabes tú si llega ahora? Bien puede estar fondeado
desde latarde—respondió otro.
—¿Dónde ha de ser, mamón? en la concha—replicó el otro
enfureciéndose.
—Si hubiera estado se vería, tío Miguel.
—¿Cómo lo habías de ver, papanatas?... ¿Has estado por si
acaso en lapeña Corvera?
—La bandera de la Bella-Paula se ve por encima de la peña,
tíoMiguel.
—¡Qué bandera ni qué mal rayo que te parta!
—¿Qué carga trae, don Rosendo?—preguntóle al armador uno
de los que leacompañaban.
