—Vaya, Ventura, ¿qué murmuras ahí? Anda, antes que me
enfade.
—Anda, anda, Venturita. Ve allá. No seas así—le dijeron por
lo bajolas costureras.
—No me da la gana. ¿Queréis dejarme en paz?—les respondió
ella en vozbaja también, mas con acento iracundo.
—¿No quieres ir?—preguntó don Rosendo con afectada
severidad.—¿Noquieres ir?
La niña permaneció inmóvil y silenciosa.
—¡Pues sal de aquí ahora mismo! ¡Quítate de mi vista!
Venturita se levantó de la silla, pasó por el medio del concurso
erguiday enfurruñada, y salió de la sala dando un gran portazo.
Don Rosendo, después de permanecer un momento inmóvil
con los ojospuestos en la puerta por donde su hija había salido,
volvióse diciendo:
—Siento mucho estar tan fuerte con mis hijas... pero algunas
veces nohay más remedio.
que trata de dos traidores
Borróse súbito de su noble faz pseudomarítima la temerosa
expresión quela obscurecía, y apareció de nuevo aquella otra
distraída, signo deconstantes meditaciones.
—Gonzalo, si no te molesta, te rogaría que pasases conmigo
aldespacho—manifestó dirigiéndose a su futuro yerno.
