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El Tesoro Misterioso

—Porque, querida niña, no me estás jugando limpio—fue su contestaciónarrogante
y fría.—Has pensado que te habías librado para siempre de mímuy ingeniosamente,
hasta que esta noche me he vuelto a presentar aquí,como ves, pronto, vamos...
dispuesto a ser pensionado, ¿le llamaremosasí? No creas que tengo el ánimo de
permitir que me engañes esta vez;por lo tanto, dame el brazalete como primer pago, y
no hablemos más. Yle tiró un manotón al brazo, que ella evitó, haciendo un
rápidomovimiento.
—No acepto—exclamó con una repentina y feroz determinación.—¡Ahora
teconozco! Eres brutal e inhumano, sin una pizca de amor o estimación...un hombre
de esos que por conseguir dinero es capaz de arrastrar alsuicidio a una pobre mujer.
Ahora que has salido libre de la cárceltienes intención de vivir sobre mí: tu carta con
esa proposición essuficiente prueba. Pero esta noche te declaro aquí que no
conseguirás demí ni un penique más de la suma que se te paga ahora todos los meses.
—Para sellar mis labios—interrumpió.—Y vi en sus negros ojos unrelámpago
maligno, criminal.
—No necesitas tenerlos sellados más tiempo—replicó de un modoabiertamente
desafiador.—Yo misma voy a manifestar la verdad, y ponerasí fin a este brillante plan
tuyo de chantaje. De consiguiente, creoque me has entendido ahora—añadió
firmemente, con un valor que eraadmirable.
Reinó silencio entre ellos durante un momento, interrumpido sólo por elextraño
grito de una lechuza.
—¿Entonces, esta es absolutamente tu decisión?—preguntó en voz dura, ynoté que
su rostro estaba blanco de ira y disgusto al reconocer que, siella manifestaba la verdad
y hacía frente a las consecuencias de supropia exposición, fuera ella lo que fuese, su
poder sobre la jovenquedaría destruido.
—Mi resolución está tomada. No temo ninguna revelación que puedas
hacerconcerniente a mí.
—De todos modos, dame ese brazalete—exigió salvajemente, apretandolos dientes,
agarrándola por un brazo y tratando a la fuerza dedesprender el broche de la joya.
—¡Suéltame!—gritó.—¡Bruto! ¡Suéltame! ¿Vas a robarme, después dehaberme
insultado?
—¡Robarte!—murmuró, con una perversa expresión de odio desenfrenado ensu
grosera cara pálida.—¡Robarte!—silbó pronunciando un suciojuramento,—¡más que
eso voy a hacer! ¡Voy a ponerte donde tu malditalengua no vuelva a moverse más, y
donde no podrás decir la verdad!
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