Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

El Tesoro Misterioso

Cerró la puerta al salir, y entonces quedé solo en esa gran piezaantigua y silenciosa,
donde las movibles llamas proyectaban extrañassombras y luces en los puntos
obscuros, y el viejo y alto relojChippendale marchaba tan solemnemente como lo
había hecho durante unsiglo.
Después de tomar mi bebida caliente, me acerqué de nuevo al escritoriode mi
amigo muerto, y lo examiné cuidadosamente para ver si teníaalgunos cajones
secretos. Lo sometí a un registro metódico, pero como nopude encontrar ninguna
cavidad insospechada o botón oculto, después deechar una última mirada a esa
fotografía que había hecho andar a Blairvagando extenuado durante meses y años
para identificarla, apagué laslámparas y cruzando el gran hall antiguo, con sus
armaduras de pie queparecían conjurar visiones de caballeros espectrales, subí a mi
pieza.
El brillante fuego le daba a la vieja estancia, con sus colgadurasfúnebres, un aspecto
alegre y confortable que contrastaba con la fuertehelada exterior, y no teniendo deseos
de dormir todavía, me eché en unasilla de brazos y senteme a reflexionar
profundamente.
De nuevo el reloj de la caballeriza dio la hora, la media, y creo quedespués debí
dormitar un rato, porque me desperté súbitamente al sentirunos leves pasos furtivos
sobre el bruñido piso de roble delante de mipuerta. Escuché, y oí distintamente que
alguien se deslizaba suavementey bajaba por la gran escalera, que crujía muy
despacio.
El extraño aspecto de aquella vieja mansión y sus muchas históricastradiciones
produjeron en mí algunos recelos, según parece, pues meencontré pensando en robos,
ladrones y visitantes nocturnos. Otra vez mepuse a escuchar con toda atención. ¡Quizá
no era más que un sirviente,después de todo! Sin embargo, cuando miré mi
cronómetro y vi que faltabaun cuarto para las dos, en el acto quedó descartada de mi
mente la ideade que los sirvientes no estuvieran ya descansando.
De pronto, en la pieza que quedaba debajo de la mía, oí claramente unruido lento,
áspero y desapacible. Luego, todo volvió a quedar ensilencio.
Sin embargo, como unos tres minutos después, me pareció oír un vagomurmullo de
voces, y entonces, apagando rápidamente la luz, corrí una delas pesadas cortinas de
mi habitación, y miré hacia afuera, viendo, congran sorpresa, dos figuras que
cruzaban el prado dirigiéndose hacia elbosque de arbustos.
La luna estaba algo oculta por las nubes, pero a la luz opaca y nebulosaque
esparcía, pude distinguir que aquellas dos figuras eran un hombre yuna mujer. A él
me fue imposible reconocerlo de espaldas; pero el portey el modo de caminar de su
Remove