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El Tesoro Misterioso

escritas por su padre. Su dolor era inmenso; todosu ser estaba embargado por una
pena inconsolable.
El silencio que reinaba en aquella pieza larga y anticuada, erainterrumpido sólo por
sus amargos sollozos y por el solemne tic-tac delgran reloj antiguo que había en el
extremo más lejano de la habitación.Mi mano se apoyaba tiernamente sobre el
hombro de la pobre niña, perotranscurrió un largo rato antes de que pudiera conseguir
que enjugasesus lágrimas.
Cuando lo hizo, vi por su semblante, que había cambiado y era otramujer.
Volvió junto a la mesa-escritorio y alzó el sobre, leyendo por segundavez la
inscripción que Blair había escrito sobre él, y luego sus ojos sefijaron en la fotografía
de la casa solitaria situada cerca de lasencrucijadas.
—¡Qué!—exclamó, sobresaltada,—¿dónde ha encontrado esto?
Le expliqué que había caído del sobre; entonces la tomó y la miró unlargo rato.
Después, dándola vuelta, descubrió algo que yo no habíanotado: escritas débilmente
con lápiz y medio borradas, se leían lassiguientes palabras: «Encrucijadas de Owston,
9 millas más allá deDoncaster, sobre el camino Selby.—B. B.»
—¿Sabe usted lo que es esto?
—No, no tengo la menor idea—respondí.—Debe ser algo que su papácuidaba
mucho. Parece muy gastada, como si alguien la hubiera llevadoguardada en el
bolsillo.
—Bien, entonces yo se lo diré—me dijo.—No tenía idea de que aún laconservara,
pero creo que la ha guardado como un recuerdo de esosfatigosos viajes a pie del
lejano pasado. Esta fotografía representa elsitio que andaba buscando por toda
Inglaterra—añadió, conservándolatodavía en su mano.—No tenía más que esta
instantánea por guía, y, porlo tanto, nos vimos obligados a recorrer de arriba abajo
todos loscaminos reales del país, con el fin de encontrar el punto buscado. Nofue
hasta casi un año después que usted y el señor Seton tuvieron lagenerosidad de
ponerme en la escuela, en Bournemouth, cuando mi padreconsiguió descubrir lo que
había andado buscando durante tres largosaños, pues él siguió solo sus fatigosas
excursiones. Una noche de veranoconsiguió, por fin, identificar las encrucijadas de
Owston, y encontróviviendo en la casa a la persona que había buscado tan
empeñosamente ycon tanto sacrificio.
—Es curioso—exclamé yo.—Cuénteme más al respecto.
—Nada más hay que contar, salvo que, debido al descubrimiento de lacasa, obtuvo
la clave del secreto; a lo menos, eso es lo que yo le heentendido siempre que ha
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