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El Tesoro Misterioso

Pero en este caso, salvo que estuviera dirigido a nosotros, seríaabierto por las
personas que el moribundo había designado con elcalificativo de «los pillos de los
abogados,» y, según todas lasprobabilidades, ellos sabrían sacarle para sí todo el
provecho posible.
Sus abogados eran, como nosotros lo sabíamos, los señores Leighton,Brown &
Leighton, firma eminentemente honorable de Bedford Row; por lotanto, les dirigimos
un telegrama desde la oficina central,informándolos de la muerte repentina de su
cliente, y pidiéndoles queuno de ellos viniera en el acto a Manchester, para que
estuviesepresente en las indagaciones que se iban a efectuar, por haber declaradoel
doctor Glenn que serían necesarias. Como el muerto había manifestadoel deseo de
que, por entonces, Mabel ignorase la realidad, no leavisamos el trágico y doloroso
suceso.
La curiosidad nos hizo volver pronto al hotel y subir a la habitacióndel muerto, para
examinar el contenido de su maleta y pequeña valija,pero, fuera de sus ropas, un libro
de cheques y unas diez librasesterlinas en oro, no encontramos nada. Sin embargo, no
creo estarequivocado al afirmar que ambos habíamos tenido la esperanza deencontrar
la clave del notable secreto que de una manera desconocidahabía conseguido, aun
cuando no era creíble que un objeto tan valioso lohubiera tenido en su equipaje.
En el bolsillo de una pequeña cartera de apuntes, que formaba parte delo que había
en la maleta, descubrí varias cartas, todas las cualesexaminé y vi que no eran de
importancia, salvo una, sucia y mal escritaen incorrecto italiano, que contenía algunas
frases que despertaron micuriosidad.
Verdaderamente, tan extraño era el tenor en que estaba escrita esacarta, que, con
aprobación de Reginaldo, resolví guardarla y haceralgunas averiguaciones.
Muchas cosas y hechos secretos habían rodeado la vida de Burton Blair,los cuales
durante años nos habían intrigado, y en consecuencia,estábamos dispuestos, si era
posible, a aclarar el extraño misterio quelo había envuelto en vida, a pesar de haberse
llevado a la tumba elsecreto de su enorme fortuna.
Nosotros éramos los únicos en el mundo que conocíamos la existencia delsecreto,
pero ignorábamos la clave necesaria para poder abrir esa fuentede inagotables
riquezas. Para todos era un misterio indescifrable elmedio de que se había valido para
hacer esa enorme fortuna, y hasta suhija Mabel no lo conocía.
En la City y en sociedad creían algunos que poseía grandes sumasinvertidas en
minas, y que era un feliz especulador en acciones,mientras otros declaraban que era
dueño, por lo menos, del terreno, o,mejor dicho, de toda la planta urbana de dos
grandes ciudades de losEstados Unidos, afirmando algunos, con más aplomo, que el
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