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El Tesoro Misterioso

aquello eraun completo enigma, exactamente como el origen misterioso de donde
elmillonario había obtenido su enorme riqueza.
Cualquier cosa que fuera lo que descubriésemos, sabía que tenía que seralguna
extraña revelación, porque, desde el primer momento que meencontré con el
caminante y su hija, vi que estaban rodeados de unambiente de notable romance y
misterio, que, con la muerte de eserobusto hombre, poseedor del secreto, era ahora
mayor aún, y mucho másinexplicable.
No pude dejar de abrigar fuertes sospechas de que Melandrini, cuyosmovimientos
eran tan misteriosos y llenos de recelo, debía haber tenidoalguna parte en el robo
hecho a Blair de esa pequeña y curiosa bolsitaque me había legado en su testamento.
Esta era una extraña fantasía que me había forjado, pero que, a pesar detodos los
esfuerzos que hacía, no podía desechar de mi mente. Tanerrantes parecían los
movimientos de aquel hombre desconocido, que eraposible que hubiera estado en
Inglaterra cuando la muerte de Blair; siera así, entonces, mayores tenían que ser las
sospechas que recayeransobre él.
Ansiaba febrilmente volverme a Londres, pero no podía hacerlo hasta noterminar
por completo mis investigaciones. Pasó una semana entera, yCarlini, con su hijo
político como auxiliar en el asunto, joven decabellos negros y de la clase baja,
estableció vigilancia, día y noche,sobre la casa del número 8, pero fue inútil. Paolo
Melandrini noapareció a reclamar la carta llegada de Inglaterra, que lo
estabaesperando.
Una noche, Carlini me trajo la carta para que la viera, pues habíaconseguido que la
vieja sirvienta se la diera, mediante un prudentesoborno de veinte francos. En mi
pieza pusimos a calentar una pava, conel vapor despegamos el sobre y sacamos la
hoja de papel que habíadentro.
Era de Blair. Estaba escrita en inglés, fechada dieciocho días atrás enLondres, plaza
Grosvenor, y decía lo siguiente:
«Me veré con usted, si en efecto lo desea. Llevaré los papeles yconfiaré a usted la
misión de emplear personas que sepan guardarsilencio. Dirija su contestación a la
dirección siguiente: Señor JuanMarshall.—Birmingham.—B. B.»
El misterio aumentaba. ¿Por qué Blair deseaba emplear personas quesupieran
guardar silencio? ¿De qué índole era el trabajo que necesitabatanto secreto?
Evidentemente, Blair tomaba todas las precauciones posibles para recibirlas cartas
del italiano, indicándole que se las dirigiese, bajodiferentes nombres, a los hoteles
adonde iba por una noche, y allí lasreclamaba.
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