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El Tesoro Misterioso

—¡La
ha
cumplido! Hemos sido unos
tontos, Reginaldo...
¡verdaderamentetontos!—murmuré.
—Así parece. Confieso que yo esperaba confiadamente que nos diría laverdad
cuando comprendiese que le había llegado el fin.
—¡Ah! tú no lo conocías como yo—observé con amargura.—Tenía unavoluntad de
hierro y un nervio de acero.
—Combinados con una constitución de caballo, porque, si no, haría muchotiempo
que se hubiera muerto. Pero hemos sido engañados...completamente engañados por
un moribundo. Nos ha desafiado, y hasta elúltimo momento se ha burlado de
nosotros.
—Blair no era un tonto. Sabía lo que el conocimiento de esa verdadsignificaba para
nosotros: una enorme fortuna. Lo que ha hecho,sencillamente, es guardar su secreto.
—Y dejarnos sin un centavo. Aunque hemos perdido miles, Gilberto, nopuedo
menos de admirar su tenaz determinación. Recuerdo que ha tenidoque atravesar por
momentos aciagos, y ha sido un buen amigo, pero muybueno, con nosotros; por lo
tanto, creo que no debemos abusar de él, auncuando nos cause mucho sentimiento el
hecho de que no nos haya dejado susecreto.
—¡Ah, si esos labios blancos pudiesen hablar! Una sola palabra, y losdos seríamos
hombres ricos—exclamé con pena, contemplando la carapálida del muerto, con sus
ojos cerrados y su barba afeitada, que yacíasobre la almohada.
—Desde un principio su intención fue ocultar su secreto—observó,cruzando los
brazos, mi amigo Reginaldo Seton, que estaba de pie al otrolado de la cama.—No a
todos los hombres les es dado hacer undescubrimiento como el suyo. Años ocupó
para resolver el problema,cualquiera que fuese; pero no podemos dudar, ni por un
momento, queconsiguió su objeto.
—Y el beneficio que sacó fue de más de un millón de librasesterlinas—agregué yo.
—Más bien dos, calculando por lo bajo. Recuerda que, cuando por primeravez lo
conocimos, pasaba las mayores estrecheces de dinero... ¿y ahora?En la semana pasada
solamente, regaló veinte mil libras al fondo delHospital. Y todo esto lo debe a haber
podido resolver el enigma que hacetiempo nosotros nos esforzamos por descubrir. No,
Gilberto, no haprocedido bien con nosotros. Debes acordarte que fuimos nosotros
quienesle ayudamos, lo enderezamos, y, en fin, hicimos todo lo que pudimos porél, y
en vez de revelarnos la clave del secreto que descubrió, y locolocó entre los hombres
más ricos de Londres, se ha negado a hacerlo, apesar de que sabía que iba a morir. Le
prestamos dinero cuando susituación era precaria, le costeamos la educación de
Mabel cuando él notenía con qué pagarla y...
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