El otro día le preguntó, con la mayor reserva, a la señora Percival, quereside con
nosotros en Mayvill, si creía que Mabel tomaría a mal que élse declarara a Dolly. Se
ve, pues, que sus pensamientos se encaminan,evidentemente, a las sendas
matrimoniales.
El anciano Hales vive siempre en las Encrucijadas de Owston, y hacepoco que vino
a Londres, acompañado de su esposa, a hacernos una largavisita.
En cuanto al secreto del cardenal, hasta hoy no se ha traslucido nada,el público no
lo conoce, pues está demasiado bien guardado por nosotros.
Delante de la entrada del gran depósito de las fabulosas riquezas viveaún el grave
monje de barba negra, hábito desteñido y usado, frayAntonio, el amigo de los pobres
de Lucca, dividiendo su vida solitariaentre la meditación y atender las necesidades de
los desamparados de lafortuna de esa populosa ciudad que se levanta en el verde valle
toscano.
La iglesia de Roma tiene buena memoria. Durante años ha dado toda clasede pasos,
según parece, para ver de descubrir y recuperar el gran tesoroque Pío IX le dio a
Sannini, su favorito. La presencia de monseñorGalli, de Rimini, su entrevista
clandestina con Dolly, fue, como hemossabido después por propia confesión de ella,
para ver de cerciorarse dealgunos datos concernientes a los últimos actos y
movimientos de supadre, pues se había sabido que pocos meses antes había vendido
enParís, a un comerciante en el ramo, el histórico crucifijo de piedraspreciosas usado
por Clemente VIII, que fue depositado en el tesoro delVaticano después de su muerte,
el año 1665.
Muchos hombres de la City están al tanto de la gran fortuna que havenido a mis
manos, y es probable que muchos de los que lean estahistoria conozcan también la
blanca fachada de una de las grandesmansiones de la plaza Grosvenor; pero,
ciertamente, nadie conoce losextraños hechos que por primera vez he estampado en
letras de molde.
Hace como un mes que me hallaba sentado en la silenciosa y pequeña celdaque tan
hábilmente oculta la vasta riqueza de la cual soy hoy el únicodueño y que me ha
colocado entre los millonarios de Inglaterra,relatándole a fray Antonio los detalles de
la trágica historia de Mabely cuán cruelmente había sido víctima de tanta infamia, y al
hacerlo, dirienda suelta a mis pensamientos, expresándome con franqueza sobre
laacción cobarde del hombre que se había hundido en las profundidades delrío
subterráneo; pero el bondadoso monje, de rostro curtido y arrugado,levantó su mano,
y, señalándome el gran crucifijo que había colgado enla pared me dijo con su voz
tranquila:
