Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

El Señorito Octavio

para mostrartímidamente los contornos de los objetos más próximos á las cortinas.Los
que se hallaban un poco lejanos gozaban todavía de una completa ydulce oscuridad.
Las tinieblas, desde el medio de la estancia, atajabanel paso á la luz, riéndose de sus
inútiles esfuerzos.
Hé aquí los objetos que se veían ó se vislumbraban en la estancia.Apoyado en la
pared de la derecha y cercano al hueco de la ventana, unarmario antiguo, que debió
ser barnizado recientemente, á juzgar por laprisa con que devolvía en vivos reflejos
los tenues rayos de luz quesobre él caían. Enfrente, y cerca de la otra ventana, un
tocador demadera sin barnizar, al gusto modernísimo, de esos que se compran en
losbazares de Madrid por poco dinero. No muy lejos del tocador, una sillaforrada de
reps, sobre la cual descansaban hacinadas varias prendas devestir, masculinas. Hasta
el instante de dar comienzo esta verídicahistoria, nada más se veía. Esperemos.
Suenan por la parte de afuera algunos ruidos matinales que dejanpresumir el sitio en
que nos hallamos. Nada de carruajes que al pasarrodando estremecen con leve
vibración nuestros cristales y nuestrolecho; nada de voces ásperas y opacas que
pregonan no se sabe qué; nadade mazurcas, cien veces concluídas y cien veces
comenzadas por los dedosaprendices de alguna vecina. Escúchanse gorjeos suaves de
pájaros,ladridos de perros, golpes de herramienta y una que otra imprecaciónlanzada
sobre las inocentes bestias que arrastran un carro. En lashabitaciones interiores se alza
el cántico, más fresco que melodioso, deuna criada. Tal vez nos hallemos en el
campo. Sin embargo, que no seanticipe juicio alguno acerca de este punto.
La luz, cada vez más atrevida, consigue acorralar á las tinieblas en losrincones de la
estancia. Algo más se ve. Una mesa de escribir talladacon pésimo gusto, y sobre la
cual hay muchos papeles y un enjambre debaratijas que los sujetan. Detrás de la mesa
un sillón forrado de lamisma tela que la silla que antes hemos visto, y detrás del
sillón, ycolgada de la pared, la cabeza disecada de un ciervo, sobre cuya
profusacornamenta descansa una linda escopeta de dos cañones, y debajo de lacabeza,
y también colgados, un par de floretes, otro de caretas y unguante de esgrima. El
pavimento de la sala está cubierto con unaalfombra ordinaria y sus paredes exornadas
de varios cromos querepresentan... No percibimos bien lo que representan: ya lo
sabremoscuando haya un poco más de luz.
Se oye una respiración suave y acompasada. La luz deja en descubierto elmarco de
una puerta con vidriera discretamente entornada. Es la puertade una alcoba, y dentro
de ella ya es posible observar los contornosseveros de una cama de ébano, obra al
parecer del siglo XVII. Contrastalastimosamente con la majestad de esta cama la
mesilla de noche dehumilde aspecto y exiguas proporciones. Sobre la mesilla hay
unapalmatoria con su bujía apagada, un reloj despertador, dos ó tres librosde cubierta
amarilla, un par de guantes y un pañuelo de seda. Elcaballero que duerme en la cama
del siglo XVII, duerme con la cara haciala pared y no podemos decir otra cosa sino
que es rubio y disfruta deabundante y riza cabellera. Pero aguardemos unos instantes,
porque eldespertador debe sonar á las siete y no faltan más que cuatro minutos.Suena
Remove