Not a member?     Existing members login below:

El Prisionero de Zenda

mi curiosidad y el deseo de verlo. Después de todo,las narices
largas y el pelo rojo no eran patrimonio exclusivo de losElsberg,
y la vieja historia que he reseñado, a duras penas
podíaconsiderarse como razón suficiente para impedirme visitar
un importantereino que había desempeñado papel nada
menospreciable en la historia deEuropa y que podía volver a
hacerlo bajo la dirección de un monarcajoven y animoso, como
se decía que lo era el nuevo Rey. Mi resoluciónacabó de
afirmarse al leer en los periódicos que Rodolfo V iba a
sercoronado solemnemente en Estrelsau tres semanas después y
que laceremonia prometía ser magnífica. Decidí presenciarla y
comencé mispreparativos de viaje sin perder momento. Pero
como nunca habíaacostumbrado enterar a mis parientes del
itinerario de mis excursiones,y además en aquel caso esperaba
resuelta oposición por su parte, melimité a decir que salía para el
Tirol, objeto favorito de mis viajes, yme gané la aprobación de
Rosa diciéndole que iba a estudiar losproblemas sociales y
políticos del interesante pueblo tirolés.
—Mi viaje puede dar también un resultado que no
sospechas—añadí congran misterio.
—¿Qué quieres decir?—preguntó Rosa.
—Nada, sino que existe cierto vacío que pudiera llenarse con
una obraconcienzuda sobre...
—¿Piensas escribir un libro?—exclamó mi
cuñadapalmoteando.—¡Magnífico proyecto! ¿Verdad, Roberto?
—En nuestros días es la mejor manera de comenzar una
carrerapolítica—asintió mi hermano, que había compuesto ya,
no uno, sinovarios libros. «Teorías antiguas y hechos
Remove