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El Prisionero de Zenda

recibido hoy noticias de Zenda?Se retiró a una habitación para
leerlas a solas y al salir parecíaaturdido.
—Estoy pronto—dije, sintiéndome menos dispuesto que nunca
a prolongarmi permanencia en Estrelsau.
—Tengo que extender un permiso para que podamos salir de
laciudad—continuó Sarto, sentándose.—Miguel es Gobernador
de la plaza,como ustedes saben y hay que esperar que no nos
faltarán obstáculos. Eldocumento tiene que firmarlo usted.
—Querido coronel, no he nacido para falsificador.
Sarto sacó un papel del bolsillo.
—Aquí está la firma del Rey—dijo.—Y aquí tengo un pliego
de papel decalco. Si en diez minutos no consigue usted escribir
«Rodolfo» de unamanera presentable, lo escribiré yo.
—Pues escríbalo usted desde luego—dije,—que mi habilidad
no llega atanto.
El coronel puso manos a la obra y no tardó en presentarnos
unafalsificación muy pasable.
—Y ahora, Federico—prosiguió,—el Rey se retira porque está
muyfatigado, no sin ordenar que no se permita la entrada en su
cámara anadie hasta mañana a las nueve. A nadie ¿comprende
usted?
—Comprendo perfectamente.
—Puede que se presente Miguel pidiendo audiencia inmediata.
Contestaráusted que sólo los Príncipes de la sangre tienen
derecho a ello.
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