X.—Amores por cuenta ajena XII.—Un anzuelo bien cebado XIII.—Nueva escala de Jacob XIV.—Rondando el castillo XIX.—Cara a cara en el bosque XX.—El prisionero y el Rey XXI.—¡Hay algo más que amor! XXII.—Presente, pasado ¿y futuro? LOS RASÉNDIL, Y DOS PALABRAS ACERCA DE LOS ELSBERG
—¡Pero cuándo llegará el día que hagas algo de
provecho,Rodolfo!—exclamó la mujer de mi hermano.
—Mi querida Rosa—repliqué, soltando la cucharilla de que
me servíapara despachar un huevo,—¿de dónde sacas tú que yo
deba hacer cosaalguna, sea o no de provecho? Mi situación es
desahogada; poseo unarenta casi suficiente para mis gastos
(porque sabido es que nadieconsidera la renta propia como del
todo suficiente); gozo de unaposición social envidiable:
hermano de lord Burlesdón y cuñado de laencantadora Condesa,
su esposa. ¿No te parece bastante?
—Veintinueve años tienes, y no has hecho más que...











