y bueno, necesitado de que loprotegiesen. Ella lo defendería, como en la noche de Marsella.
¡Adiós,amor! Sólo quedaba en la millonaria un afecto que tenía mucho dematernal.
Los dos, con la pesada tristeza del desengaño, se aburrieron en todaspartes, y acortaron su
viaje para volver á los Estados Unidos.
Creían adivinarse en los ojos sus respectivos pensamientos.
—Se divorciará apenas lleguemos á Nueva York.... Mejor: volveré ádedicarme á la
cinematografía.
Pero esto representaba para Gould un suplicio. ¡Separarse de Mina, á laque amaba ahora más
que antes, con la ternura de la gratitud y laamargura del remordimiento!...
Ella también pensaba en el divorcio.
—¡Todo mentira!... Tendré que rehacer mi existencia con otro.
Y empezó á pensar en África y en los continuadores de las cacerías deRoosevelt.
Al llegar á Nueva York, los periódicos hablaron de Mina por ser laesposa del célebre Gould.
Las amigas seguían envidiándole el «rey de laspraderas» y encontraban muy interesante su
matrimonio. ¿Era prudente,después de esto, abandonar á su buen mozo, para que lo agarrase
otramujer?...
La vida en intimidad resultaba triste y penosa. El recuerdo de aquellanoche se interponía entre
los dos. El pobre «rey» conoció una reina queno había sospechado nunca: injusta, rencorosa,
sarcástica, propensa áencontrar malo todo lo de su marido.
Una mañana, á la hora del breakfast, por una discusión insignificante,la misma mano que
había disparado varios tiros en el Puerto Viejo deMarsella agarró un plato y lo arrojó contra la
cara del hombre célebre.La porcelana se hizo pedazos, hiriéndole. Lionel se limpió la sangre
deuna mejilla, y luego miró á su esposa con aquellos ojos de niñoabandonado é implorante.
—¡Oh, mi rey!—gritó ella, refugiándose en sus brazos—. ¡Pobrecitomío!... Perdóname; soy
una loca. No te abandonaré nunca.
Y durante todo el día, Gould conoció la más amorosa y sumisa de lasmujeres.
Desde entonces la vida de los dos se desarrolló con violentasalternativas: primeramente
discusiones buscadas por ella, que terminabancon golpes, y luego, tras la mirada implorante del
esposo, la felizreconciliación. Hasta le permitió que volviese al arte cinematográfico,siendo
protagonista de varios films, cuyos argumentos se hacía relatarella anticipadamente. Su Lionel
sólo debía aparecer en el círculoluminoso realizando hazañas nunca vistas.
Jamás había hablado con tanto entusiasmo de su esposo. Lo mismo enpresencia de él que
estando á solas con sus amigas, hacía elogios delhéroe, ensalzando su fuerza irresistible, su valor
temerario.
Lionel Gould era siempre el mismo. Estaba orgullosa de llevar su nombre.