causa de la fábula, y sin embargo, sonmuy pocos los que han visto cigarras. Este animal sólo
existe en laregión asoleada del olivo, y París, donde vivió La Fontaine, no tieneolivos.
Es indudable que tomó esta historia de los griegos. Los niños de laAtenas de Pericles, al ir á la
escuela con su capacito de esparto llenode higos secos y de olivas, se contaban el cuento de la
cigarraimprevisora que tuvo que pedir un préstamo á la hormiga. Lo habían oídoá sus nodrizas y
á sus madres cada vez que éstas les recomendaban lanecesidad de ser sobrios y ahorradores. De
aquí data el error,verdaderamente incomprensible en un país como Grecia que tiene cigarras.La
fábula, como casi todas las fábulas, procede del pueblo indostánico,gran contemplador de la
Naturaleza. Los poetas del Ganges, que conocíanexactamente la vida de las bestias, debieron
poner la hormiga frente áotro animal. Los griegos lo sustituyeron con la cigarra (monótono
cantorque metían en jaulas para que meciese sus siestas), y así ha llegado elrelato hasta nosotros,
falso é indestructible, como muchas leyendasgloriosas de la humanidad; viejo y respetable, como
el egoísmo de loshombres, ó lo que es lo mismo, como la historia del mundo.
El sabio Fabre, poeta de los insectos, fué el primero que, en nuestraépoca, escuchando á la
cigarra en sus tierras de Provenza, se le ocurriórectificar con observaciones directas la exactitud
de la fábula. Yquedó al descubierto la gran mentira que ha servido de ejemplo moral álos
hombres y aún continuará sirviendo, pues la humanidad no deshacecamino, ni modifica
fácilmente sus ideas elementales.
Fíjese, amigo mío: la cigarra no puede implorar un préstamo para viviren invierno, por la
simple razón de que sólo vive unas semanas y muereen el verano. La cigarra no pedirá nunca
una limosna á la hormiga(aunque ésta fuese capaz de concedérsela), porque los granos de trigo
ylos cadáveres de moscas y gusanos que guarda el negro pirata en losalmacenes de su imperio
subterráneo de nada pueden servirle. La cigarrano come, chupa. Esta bestia dulce y pacífica
carece de mandíbulas y deboca. Su herramienta para la nutrición es una lanza perforada,
unatrompa sutil, con la que agujerea la corteza de las ramas. Su estómagodelicado no puede
resistir los cereales y los cadáveres que alimentan ála hormiga, bestia feroz de quijadas
triturantes y patas cortadoras.Música del sol, habitante de las alturas, poeta del follaje, se
nutreúnicamente con el vino de la Naturaleza, con la savia que circula porlas arterias de los
árboles. La cigarra no ha ido nunca en la realidadal encuentro de la hormiga. La ignora ó huye de
ella como de un enanogrosero y maléfico. Es la hormiga la que la busca y la acecha
paraaprovecharse de su trabajo.
Ya ve cuán lejos estamos de la fábula ofensiva para la moral y laverdad, y cómo se
transforman radicalmente los caracteres de susprotagonistas.
Cuando la primavera empieza á caldear el suelo, se animan las larvas quedepositaron las
cigarras muertas en el año anterior. Surgen de lasentrañas de la tierra por un pozo circular que
abren trabajosamente; seizan á la primera brizna de hierba que encuentran, desgarran su
dorsorepeliendo una envoltura seca como pergamino, y aparecen de un colorverde tierno que
rápidamente se obscurece. Luego trepan á los árboles,animando el silencio rumoroso de la
Naturaleza con su música incansable.En las horas de sol, la luz las embriaga con una borrachera
ruidosa yagitan locamente sus címbalos, como los devotos del cortejo deDionisios. Cuando todo
el pueblo de los insectos desfallece de sed,ellas son las únicas que viven en una abundancia
regalada.