Read The Great
Gatsby
FREE.
Click Here

Try it FREE or V.I.P. Sign-up Now. It's Quick and Easy!

Free-Ebooks.net is the internet's #1 online source for free ebook downloads, resources and authors
Cuando vuelvo de tomar el desayuno en el vagón-restorán, le encuentrosolo. Me habla de la
gran dama, que ocupa todo un departamento, y de suacompañante, que viaja con tanto desahogo
como la señora. ¡El dineroque debe tener esta duquesa!... Y sin embargo, sufre lo mismo que
él:más aún tal vez. Él tiene su hija, los hijos de su hija, y los tresniños que ha dejado el héroe
obscuro cuya carta lee á todos. La granseñora no tiene á nadie en la tierra. Su nieto era el único
heredero desu nombre y su fortuna. Las pairías, los millones, van á pasar á lejanosparientes.
Me señala una gran caja de cartón que ocupa derecha todo el espacioentre dos puertas. La ha
entreabierto poco antes la dama de compañía.Contiene una corona que cubrirá en Brindis el
féretro del aviador al serdescendido á tierra.
—¡Una maravilla!—dice—. La ha comprado en Londres esa señora alta yenjuta. Hay en ella
palmas y flores, muchas flores, que parecen deverdad. Se podría adornar con ellas un centenar de
sombreros de precio.
El antiguo obrero «consciente» reaparece á través de esta admiración.
—¡Ah, el dinero!... Hasta en la muerte nos separa. ¡Y pensar que cuandoyo visito á mi
pobrecito hijo sólo puedo llevarle ramos de violetas de ádiez céntimos!...
Veo á la duquesa al pasar ante la puerta de su camarote. Está erguida ensu asiento, con la
capota blanca y negra, de la que pende un largo velo,enguantada, rígida, lo mismo que la vi en la
noche anterior, como si nohubiese dormido. Contempla el nevado paisaje que pasa veloz por
lasventanillas; pero su pensamiento se halla lejos.
Me entrego á la lectura, y de pronto me distrae un rumor de voces en eldepartamento
inmediato. Es el empleado que habla y la duquesa que hablaigualmente. Adivino fragmentos de
la carta del pobre muerto: «Confianza,papá. Aún quedan para nosotros días felices....» La
curiosidad me hacetransitar por el pasillo. El viejo está de pie, con la gorra puesta,como
corresponde á un hombre que viste uniforme. La gran señora haperdido el arrebol de su fresca
vejez; amarillea, se lleva á los ojoslas puntas de un guante. Tal vez es ella la que ha llamado al
hombre, alconocer su historia por el relato de su acompañante; tal vez el viejo seha introducido
en su camarote, con el atrevimiento del dolor.
Vuelvo á oír desde mi asiento el rumor de sus voces. Ahora es la duquesala que lee,
lentamente, con las vacilaciones que acompañan á unatraducción. Tiene en las manos la última
carta de su nieto; y elempleado, que no puede llorar, lanza ronquidos de pena cuando la voz dela
duquesa hace una pausa. Su entusiasmo y su dolor ignoran la maneracorrecta de manifestarse:
«¡Nombre de Dios, qué mozo!... Y pensar queestos son los que mueren, y quedamos nosotros,
señora, que no servimospara nada.»
Vuelvo á pasar ante la puerta abierta. El viejo se ha sentado junto á lagran dama, que llora en
silencio. Sus manazas toman instintivamente, sinsaber lo que hacen, la diestra enguantada y fina,
oprimiéndolacariñosamente.
—¡Ah, señora duquesa!...
La voz suena respetuosa y tímida, pero sus manos y sus ojos sonconfianzudos y tiernos. Habla
con ella lo mismo que si fuese una comadrellorosa de su barrio, abrumada por una noticia fatal.
Decididamente laguerra ha trastornado todas las organizaciones. Los socialistas sonministros y

READ THIS BOOK AS

* For VIP Members Only. To access these formats usable with Kindle, Sony Reader, iPad and other readers, please upgrade


Do you like this book? yes no
LIKES (0)
DISLIKES (0)


Free-eBooks.net, Paradise Publishers Inc.