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El Pintor de Salzburgo

conciliado a fuerza de arte con la verosimilitud de lahistoria. A
la generación actual, impaciente de sensaciones fuertes
yvariadas, le importa poco encontrar en las producciones del
espírituesa acertada medida, esa exquisita conveniencia, en
estilo tan puro ytan delicado que distinguen a los inimitables
novelistas de Francia y deInglaterra, a los Lesage y a los
Fielding, a los Rousseau y a losRichardson. El alma no sale casi
de su situación actual más que paracambiar el orden de sus
emociones, para renovar la especie, paradistraerse por
sensaciones más poderosas; y es muy cierto que lasemociones
puramente sociales de nuestro siglo han debido hacernos
másdifíciles a las emociones novelescas. Ahora, cuando nuestra
curiosidad,aguijoneada por una increíble variedad de cuadros
que no ha buscado, sedecide a buscar algo fuera de la esfera de
las ideas positivas, esnatural que se interese menos por los
hechos que por las pasiones, porlas circunstancias materiales de
un relato que por el sentimientoindefinido que hará nacer, ver
las aventuras verdaderas o falsas de unpersonaje indiferente que
por no sé qué idealidades, las cuales, sinconstituir un carácter
particular, corresponden más o menos con lasnecesidades, los
afectos, las ilusiones de la mayoría, en las épocasdesgraciadas
de la sociedad. Este orden de ideas es lo que se llamadesde hace
algún tiempo la ola en literatura, y ya se sabe que laliteratura es
la expresión escrita de la moral. Esto es lo que queríadecir para
justificar el género de esta obra, en la que no seencontrarán más
que caracteres esbozados, hechos entrevistos, el
cuadrodefectuoso, en fin, de una obra más que mediocre, que no
he tenido eltiempo, ni el talento, ni la fuerza de hacer mejor.
Como es mi héroe, con todos sus errores y pasiones, el que
habla, pidopermiso al lector para hablar de él. Para Gastón ha
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