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El Pintor de Salzburgo

movimientos y no hanpresentido siquiera una sola de esas
ocasiones para las cuales lareligión había inventado los
claustros! Terrores de un alma tímida quecarece de confianza en
sus propias fuerzas; expansión de un almaardiente que tiene
necesidad de aislarse con su Creador; indignación deun alma
afligida que ya no cree en la dicha; actividad de un almaviolenta
amargada por la persecución; debilidad de un alma
consumidaque la debilidad ha vencido; ¿qué específicos oponen
ellos a tantascalamidades? Preguntádselo a los suicidas.
He ahí una generación entera a la cual los acontecimientos han
dado laeducación de Aquiles. Han tenido por alimentos la
medula y la sangre delos leones; y ahora que un gobierno, que
no deja nada al azar y que fijael porvenir[A], ha restringido el
desarrollo peligroso de susfacultades; ahora que se ha trazado a
su alrededor el círculo de Popilioy que se le ha dicho como el
Todopoderoso a las olas: «De aquí nopasaréis», ¿sabéis lo que
tantas pasiones ociosas y tantas energíasreprimidas pueden
producir de funesto? ¿sabéis cuán próximo está aabrirse al
crimen un corazón impetuoso entregado al aburrimiento?
Yodeclaro con amargura, con espanto: ¡la pistola de Werther y
el hacha delverdugo han diezmado nuestras filas!
ESTA GENERACIÓN SE LEVANTA A DIOS Y PIDE CLAUSTROS.
Paz completa a los dichosos de la tierra, pero maldición a los
queniegan un asilo al infortunio. El primer pueblo que consagró
entre elnúmero de sus instituciones un lugar de reposo para los
desgraciados,fue sublime. Una buena sociedad provee a todo,
incluso a las necesidadesde los que se separan de ella por su
gusto o porque no tienen másremedio.
 
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