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El Pintor de Salzburgo

una figura típica ya no es una etiquetabanal que se adosa al
zócalo de un busto o a los plintos de un bajorelieve; es el signo
representativo de una concepción, de una creación,de una idea.
Aun hoy mismo, el título de héroe o de semidiós habla menosal
pensamiento que el nombre de Aquiles.
En las edades secundarias, en que el movimiento progresivo
de lacivilización ha puesto en juego nuevos resortes y
desarrollado nuevascombinaciones, el espíritu humano ha
seguido dos caminos: el uno, yatrillado, que no conducía más
que a la reproducción perpetua de losbellos tipos antiguos; el
otro, innovador y temerario, en el que seaspira a apoderarse del
carácter y de la fisonomía de los tiposmodernos. Es quizás en la
elección de estas direcciones donde se hamanifestado la división
de las dos escuelas que se llaman clásica yromántica, bien que
al principio las dos hayan también sidorománticas y hayan de
convertirse en resultado tan clásica la unacomo la otra.
En los pueblos de segunda formación, cuanto más se ha
pensado laeducación sobre la tradición de los pueblos antiguos,
más se haprevalecido el espíritu de imitación. Si se exceptúa esa
galeríafantástica de Dante, en que los tipos más sorprendentes y
másextraordinarios están amontonados con una profusión
espantosa, como enel Juicio Final de Miguel Angel, los
italianos han sido raramentecreadores. En cambio, Shakespeare
es tan rico en tipos como Homero, y harecorrido todos los
grados de la escala de la imaginación, desde elnatural más
positivo hasta la más delirante fantasía. La
petulanciacaballeresca, la fogosidad de las costumbres y la
agudez del lenguajedel italiano Mercucio, no tienen más verdad
que la ferocidad sensible yla heroica ingenuidad de Otelo, ni
más individual que el vaporosoinfantilismo de Puck y la grosera
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