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El Paraiso de las Mujeres (Novela)

existencia—que equivalen á veinticinco minutos enla historia de un invento útil—, y nadie sabe hasta
dónde pueden llegarel desarrollo de su juventud y el esplendor de su madurez.
También la novela dió en distintos períodos de su vida una floración delibros que tuvieron por héroes á
bandidos «simpáticos» ó tenebrosos y ápolicías «providenciales», y á nadie se le ocurre decretar por ello
lasupresión de dicho género literario. Al lado de la novela psicológica yde observación directa existirá
siempre la novela de folletín. Y lomismo puede decirse del teatro. Juntos con el drama y la
comedia,atraerán siempre á una gran parte del público el melodrama espeluznanteó la farsa grotesca.
La cinematografía no iba á librarse de esta división impuesta por losdos gustos diversos y antitéticos que se
reparten la gran masa delpúblico. Como ocurre en la infancia de todo arte, el primer producto
delcinematógrafo ha sido el melodrama terrorífico y la farsa que hace reirhasta desquijararse, géneros que
con más rapidez atraen á lasmultitudes. Pero ahora, después de dos docenas de años de existencia,los que
nos preocupamos del desarrollo cinematográfico vamos viendo cómose afina el gusto del público en las
naciones más instruidas y cómo allado de las historias para reir y las tragedias detectivescas surgen
lasprimeras manifestaciones de la verdadera novela cinematográfica, concaracteres extraídos de la realidad,
observaciones psicológicas y unafábula que mantiene despierto al mismo tiempo el interés del espectador.
Yo creo próximo el nacimiento de muchas novelas cinematográficas queserán al mismo tiempo grandes
obras literarias. Pero estas novelasresultan de más difícil producción que una novela en forma de libro,
yaque en ellas no es posible lo que en la jerigonza literaria llamamos el«relleno».
* * * * *
La cinematografía no es el teatro mudo, como creen muchos; es una novelaexpresada por medio de
imágenes y frases cortas.
El teatro tiene convencionalismos de lugar y de tiempo, impuestos porlos breves límites de un escenario, y
de los cuales no puede librarse.En cambio, la acción de la novela no reconoce limites; es infinita, comola
del cinematógrafo, y puede componerse de tres ó cuatro historiasdiversas, que se desarrollan á la vez, y al
final vienen á confundirseen una sola; puede tener por escenario los lugares más diversos denuestro
planeta.
Una obra teatral llegará, cuando más, hasta siete actos y cambiará susdecoraciones quince ó veinte veces:
pero le es imposible ir más allá.Una novela, lo mismo que una historia cinematográfica, puede disponer
detantos escenarios como capítulos, tener por fondo los más diversospaisajes y por actores verdaderas
muchedumbres.
Repito que el «séptimo arte» es novela y no teatro, y tal vez por estotodas las obras teatrales célebres que
fueron trasladadas alcinematógrafo pasaron inadvertidas, mientras las novelas famosas, al serfilmadas,
obtuvieron grandes éxitos, agrandándose el interés de sufábula con la plasticidad de los personajes que el
lector sólo habíapodido imaginarse vagamente á través de las líneas impresas.
Hoy empieza á aumentar considerablemente en todas las naciones el númerode los novelistas que nos
preocupamos del arte cinematográfico.
La multiplicidad de los idiomas con que expresan los hombres supensamiento representa para el artista
literario un obstáculo que noconocen el pintor, el escultor, ni el músico. Es cierto que lostraductores se
encargan de salvar este obstáculo; pero por grande quesea su pericia y la conciencia con que realicen su
trabajo, ¡resultasiempre tan diversa la novela traducida de la novela original, y sepierden tantas cosas en el
traslado de una á otra!…
En cambio, la expresión cinematográfica puedo proporcionar á la novelala universalidad de un cuadro,
de una estatua ó de una sinfonía. Losrótulos del
film
y la necesidad de traducirlos representan poca cosaen esta clase de obras. Lo importante es la imagen
vivida, la accióninterpretada por seres humanos, valiéndose del gesto, que ignora elestrecho molde de
las sílabas.
Gracias á este nuevo medio de expresión, el novelista que por sunacimiento pertenece á un país
determinado puede tener por patriaintelectual la tierra entera y ponerse en comunicación con los hombresde
todos los colores y todas las lenguas, hasta con los que viven en loslímites de un salvajismo recién
abandonado. Por medio del «séptimoarte», un autor puede en la misma noche contar su historia imaginada
álos públicos de Nueva York, Londres y París, á las muchedumbrescosmopolitas de los grandes puertos del
Pacífico á los árabes que lleganá caballo al aduar del desierto donde funciona el modesto aparato
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