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El Origen del Pensamiento

—Un sello que pienso aplicar sobre las dos obras que voy a dar a luz ysobre todas
las demás que escriba en adelante.
—¿Pero qué dice aquí? No leo nada.
—No hay palabras; no hay más que una figura. Obsérvala bien.
—Parece una mancha de tinta.
El ingenioso Sánchez sonrió con benevolencia.
—Fíjate bien.
—Pues no puedo descifrarla—repuso después de sacarse los ojos y darvueltas al
papel cerca de la ventana.
—Es un zoófito.
—¿Cómo?
—La figura de un zoófito.
Y como viese el asombro pintado en el rostro de su hijo político, añadiócon sonrisa
triunfal:
—Lo he escogido como blasón por ser un símbolo. El zoófito es el primerpeldaño
de la escala animal. De él procede todo el género humano. Por lotanto, así como los
nobles ponen en sus escudos las hazañas de susabuelos, yo, como hombre de ciencia,
pongo en el mío con orgullo elprimero de mis antepasados. ¿Qué te parece? ¿No es
una idea feliz?
Mario le contempló con la misma estupefacción, pero sin revelar que sehallase poco
ni mucho admirado. Y es porque su espíritu aún no sehallaba maduro para las grandes
concepciones científicas.
Luego su suegro le llevó a la buhardilla, donde él había modelado enotro tiempo, y
le mostró un verdadero laboratorio. Frascos, retortas,cristales, cacharros grandes y
pequeños, se hallaban esparcidos por elsuelo y sobre una gran mesa de cocina. Allí
era donde don Pantaleón y suamigo Moreno se encerraban para impulsar el progreso
de la humanidad.
—De esta pequeña buhardilla saldrá al fin algo que el mundo acogerá conasombro
y aplauso—dijo con profética iluminación poniendo una manosobre el hombro a su
yerno.
Éste volvió a mirarle estupefacto.
—¿Tiene usted algún proyecto?
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