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El Origen del Pensamiento

—Para entenderlo es necesario que sepas que todas nuestras ideas ysentimientos
dependen exclusivamente de los alimentos que ingerimos enel estómago. La
albúmina...
—Mira, Pantaleón, déjame en paz, que quiero dormir. ¿Qué te importan ati esas
cosas? Bien se conoce que estás ocioso. Por ningún motivo nos haconvenido dejar la
tienda.
—Únicamente te quería decir que la albúmina y la fibrina...
—¡Pues yo te digo que no quiero oír sandeces, ea!... Buenas noches.
Y se volvió del otro lado. D. Pantaleón suspiró hondamente y se volviótambién
para dormir.
Pero a los pocos días, lleno de celo científico y de buena fe, dijo otravez a su
esposa:
—Carolina, la otra noche estaba equivocado y te dije una falsedad.
—¿Qué falsedad?—preguntó la buena señora sorprendida.
—El talento de nuestra amiga Felipa no es cloruro potásico, sino ácidofosfórico.
—¿Volvemos a las andadas?—exclamó irritada.
—El hombre de ciencia debe rectificar con nobleza todos los errores.
—Tú no eres hombre de ciencia, sino de tejidos de algodón y de hilo ygéneros de
punto. A mí no me vengas con embelecos, porque no estoy dehumor de oírlos, y
además te prohíbo que digas borricadas a la niña,porque la tienes escandalizada.
¡Vergüenza es que necesite yo recordartetu deber!
D. Pantaleón se abstuvo en adelante de verter ninguna de sus fecundasideas delante
de D.ª Carolina. ¡Era tan severa aquella señora en el senode la intimidad!
Sin embargo, cuando llegó la necesidad supo mantener sus derechos deanimal
humano frente a su esposa y frente a toda la familia que tratabade vulnerarlos. Por
consejo de Moreno había prohibido que le sirvieranen las comidas hortalizas, porque
éstas no proporcionaban ningún ácidofosfórico al cerebro, cosa que ellos necesitaban
grandemente para susdificilísimas investigaciones sobre la naturaleza. A pesar de
estaprohibición, la cocinera se obstinaba en mandar a la mesa patatas,coles, lentejas,
incapaces de producir más que ácido carbónico, celulosay otras sustancias no menos
despreciables a indignas. Sufrió conpaciencia algún tiempo. Pero llegó un momento
en que la lucha por laexistencia exigió de él un rasgo de energía para salvar
lascircunvoluciones de su cerebro amenazadas. Y lo tuvo.
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