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El Origen del Pensamiento

gemelos de teatro, y con esta lente improvisada se pasó la mañanadando cortes
trasversales al vegetal y examinando detenidamente suestructura. Por la tarde salió a
dar su acostumbrado paseo por elRetiro. ¡Ah, este paseo tenía ahora muy diversa
significación! Hastaentonces Sánchez había paseado por puros motivos higiénicos,
arrastradode la costumbre. Su pensamiento permanecía inactivo lo mismo cuando
dabavueltas en torno del Ángel caído que cuando se sentaba frente alEstanque grande
y descansaba horas enteras haciendo rayas en la arenacon el bastón. Mas ahora
aquellos senderos, aquellas calles de árbolesestaban iluminadas por la chispa que
ardía en su cerebro. Ya no lascruzaba con la indiferencia vituperable del ignorante. La
Naturalezacomenzaba a hablarle su lenguaje grave y solemne, prometiendo
revelarlelos secretos que guarda en su seno.
D. Pantaleón, dándose cuenta vagamente del alto destino a que estaballamado y del
importante papel que pronto iba a representar en elprogreso de los conocimientos
humanos, respondió dignamente a losllamamientos del reino vegetal. No daba cuatro
pasos sin que sedetuviese a conversar con algún árbol del camino.
Arrancabadelicadamente una ramita y, aplicando el ojo a la lente, examinaba
conatención sus particularidades morfológicas. No sólo los grandes árbolesañosos,
que bordaban el paseo, eran objeto de su atención investigadora.Con admirable
intuición comprendía ya que las plantas más diminutasmerecían el mismo examen
atento que los árboles seculares, porque entodas partes la Naturaleza revela su
inmensa riqueza. Por eso brincaba amenudo por encima de los setos y se metía por los
cuadros de flores paraestudiar los organismos inferiores.
—¡Eh, abuelo! ¿Qué hace usted ahí plantado en medio del cuadro? ¿Nosabe Usted
que está prohibido entrar?
La voz ruda de un guarda le arrancaba inesperadamente de su
profundacontemplación y le obligaba a volver al camino. La ciencia, el progreso,la
humanidad perdían cada vez que esto sucedía inapreciables tesoros deobservación.
Mas los guardas no lo sabían. El mismo D. Pantaleón, en lainconsciencia de su genio,
tampoco lo sospechaba.
Durante varios días realizó, tanto en el Retiro como en el silencio desu gabinete,
estudios profundos y minuciosos sobre la estructura detodos los vegetales que pudo
procurarse. Al cabo llegó con poderosaintuición a persuadirse de que el mundo
vegetal está constituido por untejido de una complicación maravillosa; que en las
frutas y laslegumbres este tejido es blando, lo cual permite que sean
masticadas,mientras en la madera duro y resistente, por cuya razón no sirve para
laalimentación. Una vez comprobadas estas preciosas observaciones, seapresuró a
formularlas por escrito en su cuaderno de notas.
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