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El Origen del Pensamiento

hacía. Éste, cuya cienciaestaba siempre al servicio de los amigos y hasta de los que no
lo eran,le mostró la rama que tenía en la mano; le hizo ver con la lente latextura de las
hojas y del tallo, el tejido delicadísimo de sus fibras,la complejidad maravillosa de su
organización. Y una vez en el caminodidáctico no quiso abandonarlo sin dar a D.
Pantaleón un curso debotánica: un curso peripatético. Con las manos a la
espalda,deteniéndose a cada instante para comprobar prácticamente su
enseñanzateórica, Moreno le inició paseando en los secretos del mundo vegetal.
El espíritu virgen de D. Pantaleón recogió con avidez aquella enseñanza,como la
tierra seca recibe la lluvia fecundante. Pocos minutos lebastaron para enterarse de que
en el mundo existían dos reinosdistintos, el uno llamado vegetal y el otro animal, que
aquellas plantasy árboles que tenían a la vista pertenecían al reino vegetal, y él
yMoreno al animal, que los árboles se nutrían por la raíz y por las hojasy que se
reproducían por medio de órganos que tienen a semejanza de losanimales, los cuales
están situados en lo que comúnmente se llama laflor, etc.
Por cierto que al hacer el examen minucioso de estos órganos Moreno tuvouna frase
feliz que causó profunda impresión en el antiguo comerciante.
—Este polvo, residuo de la digestión de la planta, es precisamente loque, al herir la
mucosa de la nariz, nos causa esa sensación agradableque llamamos aroma. De
suerte—añadió con sonrisa de benévolaironía—que el perfume de las flores, cantado
por los poetas y queenloquece de placer a los temperamentos románticos, no es otra
cosa enrealidad que el olor de su excremento.
V
A la manera que el grano depositado en la tierra germina bajo la accióncombinada
del calor y la humedad, así las preciosas ideas depositadaspor Moreno en el cerebro
del ingenioso Sánchez germinaron allí toda lanoche bajo la tibia temperatura de las
sábanas. Hasta que el sueño vinoa apoderarse de sus facultades mentales no dejó de
repetirse concreciente asombro: «¡El excremento!» Y esta idea,
maravillosamentefecunda, iba penetrando poco a poco en su ser, se apoderaba de él y
leabría repentinamente inmensos horizontes en los cuales su genio dormidojamás
había soñado.
Cuando se levantó por la mañana tenía las mejillas enrojecidas, los ojosbrillantes,
todo el cuerpo en tan ágil disposición, que su digna esposaquedó, al verle entrar en el
comedor, no poco sorprendida. La sorpresafue en aumento cuando Sánchez, después
de tomar el desayuno, en vez deretirarse a su gabinete para terminar
concienzudamente la lectura de LaÉpoca, se dirigió a la cocina y preguntó si había
alguna legumbrefresca. Como la criada no hubiese traído ninguna aquel día, se
apoderóal fin de una cebolla y se fue a su cuarto; destornilló el objetivo deunos
 
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