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El Origen del Pensamiento

hacían lenguas deél y le pregonaban como uno de los hombres más agradables que
hubiesenconocido en su vida.
Después de varias tentativas había logrado tener un aparte con la novia.Allá lejos, al
pie de un árbol, charlaban los dos animadamente; élinclinando su gran torso para
ponerse a la altura de ella, en actitudinsinuante; ella risueña y tan roja como una
amapola.
Miguel Rivera, que paseaba con Mario, había mirado dos o tres veces coninquietud
hacia allá. Al fin, no pudiendo contenerse, exclamó:
—Mira, chico, haz el favor de llamar a tu mujer, porque ese bandido deRomadonga
debe de estar diciéndole alguna desvergüenza.
Mario se apresuró a cumplir el encargo, con gran satisfacción de lapobre Carlota,
que estaba en brasas. Don Laureano, sin darse porofendido, se fue deslizando pian
piano hacia otro grupo.
En este momento crítico de la jira campestre se efectuó en el Vivero deMigas
Calientes un suceso insignificante en la apariencia, realmente deuna trascendencia tan
grande que sólo otros tiempos y otras generacionespodrán medir por completo su
alcance. En la historia del género humanosuele presentarse cuando menos se espera
uno de esos fenómenoshumildísimos que determinan por la fuerza portentosa y oculta
queconsigo traen cambios radicales, trastornos inmensos en la esferacientífica y más
tarde en la vida de los pueblos. Un día Newton, sentadoa la sombra de un pomar, ve
caer una manzana. La caída de aquellamanzana le sugiere una idea. Se descubre la
teoría de la gravitación.Otro día Watt ve hervir un puchero. Observa cómo la tapa se
levanta.Medita sobre este hecho vulgarísimo. Se descubre la máquina de vapor.Otro,
cae por casualidad en manos de Carlos Darwin el libro de Malthussobre el principio
de la población. La idea de la selección natural sepresenta a su espíritu. El origen de
las especies queda descubierto. Deeste orden es el hecho de que vamos a dar cuenta.
Acaeció que el Sr. Sánchez, huyendo el bullicio, que no se compadecíacon su
temperamento melancólico y reflexivo, se alejó de los amigos y sepuso a vagar
distraídamente por las calles de árboles. Acaeció al mismotiempo que nuestro amigo
Moreno, arrastrado por sus aficionesnaturalistas, había seguido antes el mismo
camino y se ocupaba enexaminar algunas yerbas y flores con una lente de que
siempre veníaprovisto para casos semejantes. En la confluencia de dos senderos al
piede una mata se encontraron. ¡Feliz encuentro que a la larga había de darpor
resultado una de las más grandes conquistas del espíritu humano!
Moreno y Sánchez se saludaron cortésmente. Ni uno ni otro podíansospechar en
aquel momento lo que tal saludo iba a representar en lahistoria del progreso humano.
Cambiadas algunas palabras indiferentes,Sánchez se quiso enterar de lo que Moreno
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