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El Origen del Pensamiento

Recobrose el joven y volvió a coger el hilo de sus impresiones. Las ibanarrando con
entusiasmo, de un modo incoherente, como si estuviese solo.Tal vez comprendía
vagamente que lo estaba; porque Moreno, a juzgar porsu mirada distraída y su
continente reflexivo, debía de hallarse enaquel momento meditando sobre algún
oscuro problema de la morfología.
Después de describir y pesar una por una las gracias de Carlota ycolocarla sobre un
rico pedestal de mármol ornado de bajos relieves deFidias, por encima de todas las
mujeres de este mundo, casi a la alturade la Niobé de Praxíteles, vino a soñar
despierto, a pintar de un modoplástico la única dicha a que aspiraba uniéndose a ella...
—No soy hombre de grandes ambiciones, Adolfo, bien lo sabes. Para serfeliz, no
necesito más que cariño, sosiego y un mediano pasar. Uncuartito al Mediodía con
ventanas al campo aunque esté sobre el tejado;una mujercita sana, risueña, que venga
a abrirme la puerta; oírlateclear después de comer alguna sonata de Beethoven... y que
me dejenlibre alguna hora para modelar cualquier muñeco. Estoy solo en elmundo.
Apenas he conocido a mi madre. Mi padre se esforzó toda la vidaen hacerme menos
terrible esta pérdida. ¡Dios le bendiga por ello! Peroel amor de una madre es
insustituible, no tanto por lo vivo y profundo,sino por lo que tiene de femenino. El
hombre necesita en todos losmomentos de su vida del amor de la mujer; primero de la
madre, luego dela esposa, más tarde de la hija. Además, el hombre sin familia no
secomprende; es un ser incompleto, absurdo, está fuera de la naturaleza.
—Permíteme, querido—manifestó Moreno extendiendo la diestra consolemnidad y
acentuando aún más la superioridad de su sonrisa.—Más valeque no te metas a definir
las leyes de la naturaleza. Esas cosas hay queestudiarlas con atención y tú no creo que
te hayas entretenido hastaahora en ello. El que la familia sea una ley natural y que no
podamospasar sin ella me parece una de tantas afirmaciones gratuitas comosientan los
metafísicos. No se apoya en ningún dato experimental. Entrelos Bochimanos no existe
la familia; entre algunos pueblos polinésicostampoco... En cambio se encuentra algo
semejante establecido entreciertos monos ordinarios. Y desde luego entre los
antropoides. Elchimpanzé y el gorila suelen constituir familia.
La exhibición de este preciosísimo dato le dejó tan satisfecho que, enel exceso de su
alegría, tosió dos o tres veces de un modo modesto,indicando que estaba dispuesto a
rechazar toda enhorabuena. Actocontinuo echó mano a la botella de agua, se escanció
un vaso y lo apurólentamente con majestuoso ademán, a fin de serenarse.
Mario le contemplaba fijamente.
—Mira, Adolfo—dijo al fin procurando reprimir la indignación,—yonunca he
dudado de tu ciencia. Reconozco que sabes mucho más que yo, yaunque a mí no me
interesen gran cosa los Bochimanos, les concedo todala importancia que tú quieras,
por más que tú mismo dices que son unossalvajes... Pero, francamente—añadió
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