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El Molino Silencioso y Las Bodas de Yolanda

invadido por lospinos acuáticos y los juncos; en el medio
solamente resalta un hilo deagua cenagosa y negra, en el que se
columpia perezosamente la lentejaacuática, con sus hojas
delicadas de color verde claro.
En otro tiempo, el arroyo del molino corría alegremente, la
espumabrillaba blanca como la nieve a lo largo del dique, las
ruedas enviabanhasta la aldea el ruido alegre de su tictac; y, en
el patio, los carrosiban y venían en largas filas, mientras
resonaba a lo lejos la vozpotente del viejo molinero.
Este se llamaba Felshammer; y bastaba verlo para comprender
que merecíaese nombre[*]. Era todo un hombre. Tenía fuerzas
de sobra para hacersaltar las rocas. Había que evitar con cuidado
burlarse de él ocontrariarlo, porque entonces montaba en ira,
apretaba los puños, lasvenas de las sienes se le hinchaban como
cuerdas; y, cuando se ponía ajurar, todo el mundo temblaba y
hasta los perros huían.
[*] Fels, roca; Hammer, martillo; Felshammer, martillo para
romperrocas, maza.—N. del T.
Su esposa era una mujer dulce, tranquila y sumisa. ¿Habría
podido seracaso de otro modo? Una criatura dotada de más
vigor, que hubieraquerido conservar nada más que un destello
de voluntad personal, eraalgo que Felshammer no habría
tolerado junto a él ni por veinticuatrohoras. En condiciones tales
hacían una vida soportable, casi felizpodría decirse, sólo turbada
por aquella cólera fatal, que se encendía yarrojaba llamas por el
menor motivo, y que daba a la pacífica mujermuchas horas de
pesar.
Pero jamás vertió ella tantas lágrimas como el día que la
desgracia secernió sobre sus hijos. Habían nacido de esa unión
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