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El Mar

Cuarzo, basaltos y pórfidos, guijarros semi-petrificados, todo
recibióde esas criaturillas una corteza menos inhumana,
elementos suaves yfecundos que extraían de la leche materna
(llamo leche al mucusmarítimo), que elaboraban y depositaban,
haciendo habitable la tierra.En esos medios más favorables pudo
realizarse el mejoramiento, laascensión de las especies
primitivas.
Estos trabajos debieron practicarse primitivamente en las
islasvolcánicas, en el fondo de sus archipiélagos, en esos
meandros sinuosos,esos apacibles laberintos donde las olas sólo
penetran discretamente;tibias cunas para los recién nacidos.
Mas, la flor escogida florece con plenitud en las profundas
hondonadasde los golfos índicos. Aquí, el mar fué un gran
artista, pues dió á latierra las adoradas y benditas formas donde
se complace en crear elamor. Por medio de sus asiduas caricias,
redondeando la playa, dióle loscontornos maternos, la ternura
visible del seno de la mujer (iba ádecir), lo que tanto place al
niño, abrigo, calor y descanso.
III
El átomo.
Cierto día, un pescador me regaló el fondo de su red, es decir,
tresseres casi moribundos, un esquino, una estrella de mar y otra
estrella,un lindo ofiuro, que todavía se agitaba y no tardó en
perder sus brazosdelicados. Púselos en agua de mar, y los
descuidé por espacio de dosdías, ocupado en otras tareas.
Cuando me acordé de ellos, sólo hallétres cadáveres. Aquello
estaba desconocido: habíase renovado la escena.
 
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