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El Mar

verdadera aunque contradictoria), notábase undiabólico
hormigueo. ¿Acaso era esto visión de mis ojos y de mi
fatigadocerebro, ó la pura verdad? Las olas me hacían el efecto
de un espantosomob, de un horrible populacho; no hombres,
sino perros ladrando, demiles y miles de dogos rabiosos, ó más
bien, dementes... ¿Qué estoydiciendo? ¿Perros? ¿Dogos? no era
esto, no; sino execrables éinnominadas apariciones, bestias sin
ojos ni orejas, sin otro órgano quesus espumantes bocazas.
¡Monstruos! ¿Qué queréis? ¿No estáis aún embriagados con
los naufragiosde que tenemos noticia á cada momento? ¿Qué
más pedís?—«Tu muerte y lamuerte universal, la supresión de la
tierra y la vuelta del caos.»
VIII
Los faros.
Impetuosa es la Mancha con su estrecho do se sumerge el flujo
del Océanodel Norte; áspero es el mar bretón con los violentos
remolinos de suscortaduras basálticas; mas, el golfo de Gascuña,
desde Cordouan áBiarritz, es un mar de contradicciones, un
enigma de combates. Endirección al Mediodía se vuelve de
repente extraordinariamente profundo,un abismo donde el agua
se cuela. Un ingenioso naturalista lo compara áun gigantesco
embudo que absorbiese bruscamente. La ola, escapándose deallí
bajo espantosa presión, se eleva á alturas de que no hay
otroejemplo en nuestros mares.
La marejada del Noroeste es el motor de la máquina, y si es un
tanto másNorte empuja hacia el fondo del golfo, va á aplastar
San Juan de Luz.Más Oeste, hace regolfar el Gironde y
encasqueta sus horribles olas alinfortunado Cordouan.
 
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