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El Mar

otro mundo, el del marde Coral. Allí, en un espacio grande
como los cuatro continentes—diceMaury,—los pólipos fabrican
concienzudamente los millares de islas,bancos y arrecifes que
cortan poco á poco ese mar; escollos, hoy día,peligrosos y
maldecidos del navegante, pero que remontando, uniéndose ála
larga, constituirán un continente, y ¿quién sabe? después de
uncataclismo, el refugio del linaje humano.
V
El pulso del mar.
Nuestra tierra no es solitaria, según hace notar Juan Reynaud
en elprecioso artículo de la Enciclopedia. La complicadísima
curva quedescribe expresa las fuerzas, las influencias diversas
que sobre ellaobran, atestiguando sus relaciones y comunicación
con el gran pueblo delos cielos.
Sus relaciones jerárquicas son particularmente visibles con su
jefe, elsol, y con la luna, que, como su servidora, tiene por esto
más poderíosobre ella. Así como las flores de la tierra miran al
sol, míralo lamisma tierra que las sostiene, y aspira hacia él. En
aquello que tienede más movible, su masa flúida se levanta é
indica que siente suatracción. Desbórdase y sube (como puede)
y, fija su mirada hacia losastros amigos, dos veces al día hincha
su seno, dedicándoles á lo menosun suspiro.
¿Acaso no siente la atracción de los otros globos? ¿Sus mareas
sóloestán regidas por la luna y el sol? Todos los sabios así lo
decían, estoes lo que creían todos los marinos. Se estaba atenido
á losincompletísimos resultados de La Place. De ahí errores
 
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