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El Mar

distracciones que procura el mar, apodéransedel ánimo fatigado,
despertando en él otras ideas. Este triunfo lescorresponde de
derecho: llévanlo á todas partes, á ver su playa, á quecontemple
su mar, disfrutando con la admiración que producen
estosobjetos al recién venido. Si se les oye, todo aquello es suyo.
Hanseposesionado del Océano en que se bañaron y se
complacen en ofrecérselo.
La esposa vuelve á presentarse amable, benévola, ante la
muchedumbre quehasta hace pocos momentos tanto la
inquietaba. ¡Encuéntrase tan bien ásu lado; tan en su centro!
Siéntese más que segura, muy valiente: estáfamiliarizada con el
mar, con las olas, y afirma que va á nadar: «quieredomar el
mar.» Ambición un tanto elevada. Primero vese postergada por
suhijo, algo más listo y atrevido que su madre. Creyéndose
sostenida,nada; en otro caso tiene miedo y se va al fondo.
Ahora se resarcirá á fuerza de baños, pues hase enamorado del
mar, loadora. Y la verdad es que el mar no comprende las
pasiones á medias. Nosé qué embriaguez eléctrica se encierra en
él, que quisiéramos absorbercuanto contiene.
VI
Renacimiento del alma y de la fraternidad.
Tres formas de la Naturaleza dilatan y engrandecen nuestra
alma, sácanlade quicio y la hacen bogar en el infinito.
El variable Océano de la atmósfera, con su festín de luces, sus
vaporesy su claroscuro, su movible fantasmagoría de creaciones
caprichosas, contanta rapidez disipadas.
El Océano fijo de la tierra, su ondulación que seguimos de lo
alto delas grandes montañas, los levantamientos, testimonio de
 
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