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El Mar

La que nos ha dado tema para este capítulo y algunos otros, no
lloraba;pero ¡estaba tan próxima á hacerlo! El niño lo vió, y
estando dotado,como todos los niños, de una penetración muy
rápida, no despegó loslabios, de suerte que el regreso al hogar
fué silencioso.
Era el primer día en que aquella mujer, para dar gusto á su
hijo,comenzó á deletrear con el alma el idioma de la Naturaleza;
y deimproviso habíale dirigido aquel idioma palabras tan
misteriosamenteconmovedoras que penetraron al fondo de su
corazón.
Declinaba la tarde: el ave marina rezagada aguzaba sus remos,
ansiosa dellegar á tierra y á su nido. Subiendo por la costa tajada
y por el yaobscuro jardín, dejóse oir un primer chillido siniestro,
estridente, deave nocturna. Pero la pajarera de refugio estaba
perfectamente cerrada,durmiendo los pajaritos la cabeza bajo el
ala. No obstante, quisoasegurarse por sí misma la señora y vió
que no había peligro. Entonces,escapóse un suspiro de lo hondo
de su pecho y abrazó fuertemente á suhijo.
V
Baños.—La belleza renace.
Si, como afirman algunos médicos franceses, los baños de mar
sólo tienenuna acción mecánica, y no dan á la sangre ningún
principio nuevo,siendo simplemente una rama de la
hidroterapia, preciso es confesarque de todas las formas de la
hidroterapia, ésta es la más ruda, la másaventurada. Desde el
momento en que esa agua, tan rica de vida, no hacemás efecto
que el agua clara, es una locura practicar talesexperimentos al
aire libre, expuestos á los azares del viento, del soly de otros mil
accidentes.
 
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