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El Mar

llevar todos los días sus descubrimientos,las pequeñas
curiosidades que la proporcionarían los pescadores.
Por lo tocante á la pajarera, preferiría fuese la pajarera libre
que heaconsejado en uno de mis libros, aquélla en que los
pájaros vienen ábuscar un albergue para pasar la noche y un
poco de alimento. Se cierraal anochecer para preservarlos de los
mochuelos, y se abre de mañanita.Los pájaros no faltan á hora
fija. Y aun creo que si aquélla fuesegrande y se colocara en
medio el árbol que les es común, fácilmenteharían en él sus
crías, bajo su protección, señora, confiándola á ustedsus
pequeñuelos.
Existencia seria, encantadora. ¡Qué soledad tan agradable en
esteintermedio de la vida, mientras dura esa rápida viudez! La
situación esenteramente nueva: nada de tráfago casero, nada de
negocios. Con elhijo al lado, la soledad de la madre es más
grande que si estuvieseseparada de él. Si no tuviese consigo
aquel compañerito, ofreceríaseleotra compañía, los ensueños,
engolfándola en la vida de las vanasvisiones. Empero ese
inocente guardián, el niño, lo impide: él laentretiene, la hace
charlar. Recuerda el hogar doméstico. Junto á suhijo no se borra
de su memoria el sentimiento de que es precisotrabajar, y
recuerda que en otro punto hay alguien que trabaja paraellos y
cuenta también las horas que transcurren.
Floreced, pura, agradable flor. Hoy más rejuvenecida que
nunca, seencontrará usted como cuando era niña libre, y con
bien dulce libertad,bajo la salvaguardia de su hijo.
IV
Primera aspiración del mar.
 
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