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El Mar

piececito sobre laelástica almohada del alga marina con que se
afirma una capa de arenamuy reblandecida.
En un clima intermedio que no es ni Norte, ni Mediodía, ni
Bretaña, niVendée, he visto y vuelto á ver con alegría el
precioso y grave abrigode Pornic, sus excelentes marinos, sus
agraciadas muchachas,encantadoras bajo sus gorras
puntiagudas. Es un lugarcillo de reposo,que teniendo enfrente la
dilatada isla (península más bien) deNoirmutiers, llégale el mar
oblicuamente, de una manera indirecta y conmesura, y apenas
ha entrado, se humaniza, hilando por medio de su rizadaonda
lino, al parecer, ó muer. En aquella concha de algunas leguas
deextensión, ha fabricado el mar otras pequeñas, ancones
angostos de suavependiente para las mujeres, ó bañeras para los
niños. Esas lindas playasenarenadas, separadas entre sí, ocultas
á las miradas indiscretas porrocas respetables, tienen sus
pequeños misterios para divertir á los queen ellas se bañan. Vese
alguna vida marina, pero mucho más pobre que enotro tiempo:
el abrigo es inútil, y también perjudicial. El mundo de lasaguas
no recibe en esa concha harto tranquila, rica alimentación; por
lotanto, la abandona. Dicho mar se enajena de día en día el gran
oleajedel Océano, haciéndose sordo á sus gritos, que sólo se
oyen muydebilitados. Semi-silencio que tiene gran encanto. En
ningún otro puntohe hallado con más dulzura la libertad de
soñar despierto, ni el encantode los mares moribundos.
III
La habitación.
Permítase á un ignorante que, sin embargo, ha adquirido
ciertaexperiencia á costa suya, dar algunos consejos sobre los
puntos que nocitan los libros, y que hasta el presente han
 
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