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El Mar

la que reflexionaba mejor, comenzó á delirar como
suscompañeros y sucumbió. En toda la áspera relación de sus
aventuras nohay un solo pasaje, si no me engaño, exceptuando
éste, en que su corazónse sienta conmovido.
V
Guerra á las razas marinas.
Recapitulando lo que antecede y la historia de todos los
viajes,experiméntanse dos encontrados sentimientos:
1.º Admiración por la audacia y el ingenio con que el hombre
ha hecho laconquista de los mares, subyugando su planeta.
2.º Sorpresa al ver su inhabilidad en cuanto se refiere al
hombre mismo:al notar que, para la conquista de las cosas, no
ha sabido emplear laspersonas; que por doquiera el navegante
hase presentado cual enemigo,aniquilando los pueblos nuevos,
los cuales bien llevados, hubieranllegado á ser, cada uno en su
reducida esfera, un elemento especial paravalorarla.
Ya tenemos al hombre en presencia del globo que acaba de
descubrir;veisle cual músico novicio ante un órgano de grandes
dimensiones, delque apenas hace brotar algunas notas. Salido de
la Edad Media, reino dela teología y la filosofía, encuéntrase
poco menos que salvaje; delsagrado instrumento sólo ha sabido
romper las teclas.
Hase visto que los buscadores de oro comenzaron no
queriendo más queoro, oro y siempre oro, y destruyendo al
hombre. Colón, á pesar de serel mejor de todos ellos, en su
Diario nos indica lo que acabamos demanifestar con una
candidez terrible que, anticipadamente, entristece elánimo
pensando en lo que harán sus sucesores. Desde el momento en
 
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