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El Mar

Apenas echó la tierra una mirada sobre sí misma, cuando se
comparó yprefirió al cielo. La joven geología luchando contra su
hermana mayor laastronomía, reina orgullosa de las ciencias,
lanzó un grito titánico.«Nuestras montañas, dijo, no han sido
lanzadas á la ventura, como lasestrellas en el firmamento, sino
que forman sistemas do se encuentranlos elementos de una
ordenación general, no ofreciendo de ello ningúnvestigio las
constelaciones celestes.» Frase tan atrevida y
apasionadaescapóse de los labios de un hombre cuya modestia
iguala á su saber, M.Elías de Beaumont.
Es indudable que aún no se ha desembrollado el orden
(probablemente muygrande) que reina en la confusión aparente
de la Vía Láctea; empero laordenación más visible de la
superficie del Globo, resultado de lasinsondables revoluciones
de su interior, conserva, y conservará para laciencia más
ingeniosa, sombras y misterios.
Las formas de la gran montaña emergida de las aguas que con
propiedadllamamos tierra, ofrecen varias disposiciones asaz
simétricas, sin poderser conducidas aún á lo que parecería un
sistema leal. Esas porcionessecas y elevadas aparecen más ó
menos visibles, según las descubre elagua. El mar, como límite,
traza en realidad la forma de loscontinentes. Toda geografía
conviene comenzarla por el mar.
Añadid un hecho culminante, revelado de pocos años acá.
Mientras latierra nos ofrece tales ó cuales rasgos que parecen
discordantes(ejemplo, el Nuevo Mundo extendiéndose de Norte
á Sur y el antiguo deEste á Oeste), el mar, por el contrario,
presenta notable armonía,exacta correspondencia entre ambos
hemisferios. En la parte flúida quese ha tenido siempre por tan
caprichosa, es donde existe la regularidad.Lo que nuestro globo
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