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El Mar

Sencillo y sublime lenguaje. No quiere decirse con esto que se
hayanacabado las tempestades; empero lo que sí ha terminado es
la ignorancia,la turbación y el vértigo que producen la
obscuridad del peligro, y lopeor de todo peligro, el lado
fantástico.—A lo menos, si se perecesábese el por qué. Hay
ahora grande, muy grande seguridad de conservarel espíritu
lúcido, el alma esclarecida, resignada á los efectos quepuedan
sobrevenir de las grandes leyes divinas del mundo que, al
preciode algunos naufragios, constituyen el equilibrio y la
salvación.
IV
Los mares polares.
Lo que más tienta al hombre, es lo inútil y lo imposible. De
todas lasempresas marítimas, aquella en que más ha
perseverado, es eldescubrimiento de un paso al norte de la
América para irse en derechurade Europa á Asia. Las más
vulgares leyes del buen sentido hubierandebido indicar
anticipadamente que á existir dicho paso, en tan fríalatitud, en
una zona cubierta de hielos, de nada serviría, puesto queningún
ser humano querría aventurarse en él.
Observad que aquella región no tiene el aplanamiento de las
costassiberianas, que se recorren en trineo, sino que es una
montaña de milleguas de extensión horriblemente accidentada,
con profundas cortaduras,mares que se deshielan
momentáneamente para helarse de nuevo, corredoresde hielo
que mudan de postura todos los años, se abren y se cierran
ánuestro paso. Dicho paso acábalo de descubrir un hombre que,
habiendoido muy adelante, no podía retroceder, y avanzando
siempre lo hafranqueado (1853). De suerte que ya sabemos á
 
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