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El Mar

geológico más antiguo del globo, sobre elgranito y el sílex, se
pasea la raza primitiva, un pueblo también degranito. Raza ruda,
nobilísima, con la finura del guijarro. Todo lo queprogresa la
Normandía, decae la Bretaña. Imaginativa y dotada detalento, le
agrada lo absurdo, lo imposible, las causas perdidas. Emperosi
pierde en tantas cosas, le queda una, la más rara, el carácter.
Si uno quiere desviarse un tanto del anglicismo insípido y de
lavulgaridad con pretensiones de positivismo, en fin, de las
tontasalegrías tan tristes, que vaya á posarse sobre las rocas de la
bahía deDouarnenez, en el promontorio de Penmark; ó, si la
brisa sopla condemasiada violencia, que se embarque en las islas
bajas del Morbihan: elmar arrastra hacia ellas una tibia onda que
ni siquiera se siente. LaBretaña, donde es apacible, esto de
veras. En sus archipiélagoscreeríais encontraros mecidos por la
ola de la muerte; empero donde seostenta con fuerza, es
sublime.
En 1831 sentí sus tristezas, las cuales forman parte de la
historia demi vida. Entonces no conocía el verdadero carácter
del mar. En los mássolitarios ancones, entre sus rocas más
agrestes es donde se ostentaverdaderamente risueño, quiero
decir, vivo y retozón y lleno de vida.Veis cubiertas sus rocas
con una á modo de capa de escabrosidadesgrises; mas aquello
son seres animados, todo un mundo asentado allí, quequeda en
seco durante el reflujo, se cierra y esconde, volviendo á abrirsus
ventanillas cuando el bueno del mar, su alimentador, le trae
denuevo el sustento. Allí trabaja también en masa ese apreciable
pueblo depequeños picapedreros, los esquinos, observados y tan
exactamentedescritos por M. Caillaud. Toda esa muchedumbre
juzga exactamente alrevés de nosotros. La bella Normandía les
espanta; detesta y tiemblan ála vista de los rudos guijarros de las
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