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El Mar

tan despreciado,que nadie se digna pescarlo, ó si se agarra es
rechazado. Y con todo,ese ínfimo entre los ínfimos es un tierno
y laborioso padre de familia:tan pequeño, tan débil, tan
desheredado, es ingenioso arquitecto, elobrero del nido, y con
sola su voluntad, su ternura, consigue fabricarla protectora cuna.
Lástima grande, sin embargo, que tal esfuerzo de ánimo no
obtenga mejorrecompensa, que aquel ser se vea detenido en ese
primer fervor del artepor la fatalidad de su naturaleza. Al
contemplarlo, se apodera denosotros nuevo ensueño,
presintiendo que ese mundo acuático no se bastaá sí mismo.
Poderosa madre que empezaste la vida y no puedes terminarla;
permite quetu hija, la Tierra, continúe la obra comenzada. Ya lo
ves: en tu mismoseno y en el momento sagrado, tus hijos sueñan
con la Tierra y sufijeza; abórdanla, la rinden homenaje.
A ti te toca volver á empezar la serie de los nuevos seres por
unprodigio inesperado, por un bosquejo grandioso de la cálida
vidaamorosa, de sangre, de leche, de ternura, que tendrá su
desarrollo enlas razas terrestres.
XII
La ballena.
«El pescador, á quien ha sorprendido la noche en medio del
mar delNorte, ve una isla, un escollo, como la espalda de una
montaña, que secierne, enorme, sobre las olas. Allí echa el
ancla, y la isla comienzaá andar y le arrastra. El escollo se ha
convertido en Leviatán.»(Milton).
 
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