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El Mar

fiesta de los Tabernáculos, vese en algunas playas áesos fieles
hijos del mar que se dirigen en grupos de población, árendirle
sus homenajes, á confiar sus tiernos huevos á la grande y
buenanodriza, encomendando sus pequeñuelos á aquélla que
meció susantepasados.
XI
Los peces.
El libre elemento, el mar, debe tarde ó temprano crearnos un
ser á susemejanza, un ser eminentemente libre, escurridizo,
onduloso, flúido,que se deslice á imagen de las ondas, pero en
quien la movilidadmaravillosa proceda de un milagro interior,
todavía más grande, de unaorganización central, fina y sólida,
muy elástica, no parecida á la deninguno de los seres conocidos
hasta el día.
El molusco que se arrastra sobre su abdomen fué el pobre
siervo de lagleba. El pulpo, con todo su orgullo, su hinchazón,
su ronquido, malnadador y andarín nulo, no deja de ser por eso
el siervo de lacasualidad: sin su potencia de embotamiento no
hubiese podido vivir. Elbélico crustáceo, sucesivamente tan
grande y tan pequeño, ya terror, yairrisión de los demás, sufre
las muertes alternativas en que hace elpapel de esclavo, de presa
y aun de juguete de los más débiles.
Enormes y terribles servidumbres. ¿Cómo librarnos de ellas?
La libertad está en la fuerza. Desde el origen, buscando la
vida, aunqueá tientas, á la fuerza, parecía soñar confusamente
 
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