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El Mar

barquillas; las beroes seostentan triunfantes como llamas;
empero ninguna luz tan espléndida comola de nuestras medusas.
¿Es sólo puro efecto físico, como el que haceserpentear las
salpas inyectadas de fuego? ¿Es un acto de aspiración,como
hacen presumir otros seres? ¿O es únicamente capricho, como
entretantas criaturillas que se divierten con las chispas de una
vana óinconstante alegría? No, las nobles y deliciosas medusas
(tales como laOceánica coronada y la encantadora Dionea),
parecen expresar gravesideas. Debajo de ellas sus luminosos
cabellos, semejantes á una sombríalámpara de noche, lanzan
misteriosos rayos de esmeralda y otros coloresque, relumbrando
ó palideciendo, revelan un sentimiento y ciertomisterio
inexplicable. Diríase el espíritu del abismo meditando
sussecretos; el alma que llega ó la que algún día debe vivir. ¿O
acasodebemos ver en ello el melancólico ensueño de un destino
imposible quenunca ha de alcanzar el término apetecido? ¿O el
llamamiento á la dichade amor, único consuelo que en este
mundo nos queda?
Sabido es que, en la tierra, ese fuego es para nuestras luciolas
laseñal, la declaración de la amante que se da á conocer, indica
su moraday se traiciona á sí misma. ¿Tiene igual sentido entre
las medusas? Seignora. Lo positivo es que vierten juntas su
llama y su vida. La saviafecunda y virtud genésica de ellas,
están contenidas en esto, y á cadadestello se escapa y disminuye.
Si se desea el cruel entretenimiento de redoblar ese cuento de
hadas, nohay más que exponerlas al calor. Entonces se
exasperan, centellean y sevuelven tan hermosas, tan hermosas...
que todo concluye. Llama, amor yvida acaban de evaporarse,
todo desaparece á un tiempo.
VII
 
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