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El Mar

paulatinamente ha ido invadiendo ycubriendo vuestras
construcciones. Esta nueva potencia, ¿dónde está? Envosotros
mismos. El pólipo no se resigna á quedarse pólipo: existe
envuestra república tal ó cual ser inquieto que afirma que la
perfecciónde esa vida vegetativa no es vida, soñando otra mejor:
irse y navegarsolo, ver lo desconocido, el dilatado mundo,
crearse, exponiéndose ánaufragar, algo que va á despuntar en él
y permanece obscuro entrevosotros:
El alma.
VI
Hija de los mares.
Los primeros meses del año 1858 deslizáronse para mí en el
agradablepueblecillo de Hyères que mira de lejos al mar, á las
islas y á lapenínsula que presta abrigo á su costa. A tal distancia,
el mar atraemás poderosamente tal vez que si uno estuviese á
bordo. Los senderos queá él conducen convidan á recorrerlos, ya
se dirija uno al lado de lashuertas por los setos de jazmines y
mirtos, ya, subiendo un tanto, seatraviesen los olivares y un
bosquecillo sembrado de laurel y de pinos.Sin embargo, los
árboles no impiden que de vez en cuando se distinganalgunos
rayos del mar. Ha sido llamado este sitio, y no sin razón,
CostaBella. Paseábame por él en los mejores días de un invierno
muy suave,soliendo encontrar al paso una enferma
interesantísima, joven princesaextranjera venida de quinientas
leguas de distancia, para prolongaralgunos días su desfalleciente
vida. Aquella corta existencia se habíadeslizado triste y
combatida por el infortunio; y apenas vislumbraba lafelicidad,
se iba extinguiendo por momentos. La pobre se
arrastrabaapoyada tiernamente en otro ser que vivía de su vida y
 
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