Read The Great
Gatsby
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Poco a poco, sin embargo, todo lo que no fuese esta contemplación perdiópara mí valor y
encanto. Comencé a vivir cada día más recluído en elfondo de mi alma, perdido en la admiración
de la imagen que en ellabrillaba, hasta que sólo esta ocupación me pareció digna de la vida, yen
el mundo todo no reconocí más que una apariencia inconstante y fuícomo un monje en su celda,
ajeno a las cosas más reales, de rodillas yrígido en su sueño, que es para él la única realidad.
Mas no era el mío, mi adorada amiga, un pálido y pasivo éxtasis delantede su Imagen. ¡No!
Era más bien un ansioso y fuerte estudio de ella, conel que yo procuraba conocer, a través de la
Forma, la Esencia y (puesque la Belleza es el esplendor de la Verdad) deducir de lasperfecciones
de su cuerpo las superioridades de su alma. Y así fué cómolentamente sorprendí el secreto de su
naturaleza; su clara frente que elcabello descubre, tan clara y despejada, luego me contó la
rectitud desu pensar; su sonrisa, de una nobleza tan intelectual, fácilmente mereveló su desdén
hacia lo mundano y lo efímero y su incansableaspiración hacia un vivir de verdad y de belleza;
cada gracia de susmovimientos me tradujo una delicadeza de su gusto; y en sus ojosdiferencié lo
que en ellos tan adorablemente se confunde, luz de razón,calor de corazón, la luz que mejor
calienta la lumbre que másilumina.... La certeza de tantas perfecciones bastaba ya para
hacerdoblar, en una adoración perpetua, las rodillas más rebeldes. Perosucedió también que al
paso que la comprendía y que su Esencia semanifestaba tan visible y casi tangible, descendía una
influencia deella hacia mí, una influencia extraña, diferente de todas lasinfluencias humanas, y
que me dominaba con trascendente omnipotencia.¿Cómo lo podré decir? Monje encerrado en mi
celda, comencé laconvivencia con la Santa a quien me consagrara. Hice entonces un
severoexamen de conciencia. Investigué con inquietud si mi pensar era condignode la pureza de
su pensar; si en mi gusto no habría desconciertos quepudieran herir la disciplina de su gusto; si
mi idea de la vida era tanalta y seria como aquella que yo presintiera en la espiritualidad de
sumirar, de su sonreir, y si mi corazón no se dispersara y debilitara conexceso para poder
palpitar con paralelo vigor junto a su corazón. Y herealizado ahora un jadeante esfuerzo para
subir a una perfecciónidéntica a aquella que tan sumisamente adoro.
De suerte, mi querida amiga, que se tornó sin saberlo mi educadora. Ytan subordinado quedé a
esa dirección, que no puedo concebir losmovimientos de mi sér sino gobernados por ella y por
ella ennoblecidos.Sé perfectamente que todo lo que en mí surge de algún valor, idea
osentimiento, es obra de esa educación que su alma da a la mía desdelejos, sólo con existir y ser
comprendida. Si hoy me abandonase suinfluencia—más bien, como un asceta, debía decir su
Gracia—todo mi sérrodaría sin remisión a una inferioridad. Vea, pués, cómo se convirtióusted
en necesaria y preciosa para mí. Y considere que para ejercer esasupremacía salvadora, sus
manos no hubieron de imponerse sobre las mías;bastó con que yo la viera desde lejos, brillando
en una fiesta. Así unarbusto florece en el borde de un foso porque allá arriba, en losremotos
cielos, fulgura un gran sol que no le conoce y que le hacecrecer, abrirse y exhalar su poco de
aroma.... Por eso mi amor alcanzaese sentimiento no descrito y sin nombre que la Planta, si
tuvieseconciencia, sentiría por la Luz.
Y considere también que considerando de usted como de la luz, nada leruego, ningún bien
imploro de quien tanto puede y es para mí dueña detanto bien. Sólo deseo que me deje vivir bajo
esa influencia que,emanando del simple brillo de sus perfecciones, tan fácil y dulcementerealiza
mi perfeccionamiento. Sólo pido ese caritativo permiso. Vea,pues, cuán distante me mantengo
en la abatida humildad de una adoración,que hasta recela que su murmurar, murmurar de preces,
roce el vestido dela imagen divina....

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