Read The Great
Gatsby
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Los periódicos me otorgaron los calificativos que, según la tradición,pertenecen a los dioses.
¡Fuí el omnipotente, el omnisciente! Laaristocracia me besó los pies como a un tirano y el clero
me incensócomo a un viejo ídolo. Y mi desprecio por la humanidad fué tan grande,que se
extendió hasta el mismo Dios que la creó.
Desde entonces, una saciedad enervante me mantuvo durante semanasenteras tendido en un
sofá, mudo y terrible, pensando en la felicidaddel «no ser....»
Una noche, regresando solo por una calle desierta, vi delante de mí alpersonaje vestido de
negro, con el paraguas debajo del brazo, el mismoque en mi cuarto tranquilo y feliz de la travesía
de la Concepción, mehiciera a un «tilín-tín» de campanilla, heredar tantos despreciablesmillones.
Corrí hacia él; le agarré por la solapa des su levitaburguesa, gritándole:
—¡Líbrame de mis riquezas! ¡Resucita al Mandarín! ¡Devuélveme la paz dela miseria!
El, pasó gravemente su paraguas debajo del otro brazo, y respondió conbondad:
—¡No puede ser, mi apreciable señor, no puede ser!
Yo me arrojé a sus pies haciéndole una súplica abyecta, mas sólo vídelante de mí, bajo la luz
mortecina de un reverbero de gas, la formaescuálida de un perro hambriento hociqueando en el
lodo.
Nunca he vuelto a encontrar a tal individuo. Y ahora, el mundo me pareceun inmenso montón
de ruinas donde mi alma solitaria, como un desterradoque vaga por entre columnas caídas, gime
continuamente.
Las flores de mis aposentos se marchitan y nadie las renueva; la luz meparece una antorcha
fúnebre, y cuando mis amadas vienen envueltas en lablancura de sus peinadores a acostarse en
mi lecho, lloro, como si vierala legión amortajada de mis alegrías muertas.
Me siento morir. Tengo ya hecho mi testamento. En él lego mis millonesal Diablo, le
pertenecen; él que los reclame y los reparta.
Y a vosotros, hombres, os lego solamente estas palabras sin comentario:«¡Sólo sabe bien el
pan que diariamente ganan nuestras manos; nuncamatéis al Mandarín!»
Y, todavía al morir, me consuela prodigiosamente esta idea: que de Nortea Sur, de Oeste a
Este, desde la Gran Muralla de Tartaria hasta lasondas del mar Amarillo; en todo el vasto
imperio de la China, ningúnmandarín quedaría vivo, si tú, tan fácilmente como yo, lo
pudierassuprimir y heredar sus millones, ¡oh, lector! criatura improvisada porDios, obra mala de
mala arcilla, mi semejante, y mi hermano.
FIN

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