aquella su dorada corona de riquísimoscabellos, al ver tanta
beldad, y el rubor que por hallarse allí, y hastatal punto haber
llegado, la encendía el purísimo semblante, aficionose aella, y
túvola por buena, y a más por gran señora, que no mostraba
menospor su continente y su atavío doña Guiomar, y
levantándose a ella fuese,y asiéndola una mano, con voz
desfallecida por la enfermedad y por elsentimiento, la dijo:
—Amparada he sido, y tan generosa y noblemente como
pudiera serlo, poreste caballero con el cual me habéis hallado; y
pues también leconocéis, señora, como se muestra por lo que
con él hablado habéis, sinduda habéis también conocido cuánta
debe haber sido y ser la desventuraen que me ha encontrado; y
porque acepto el amparo que me ofrecéis yporque sepáis mis
desdichas, a vos me acojo y a vuestra casa os sigo.
Y con esto, dándola el brazo doña Guiomar, para que en él se
sostuviese,salieron seguidas de Florela, y al postigo del jardín se
encaminaron, ypor él entraron en la casa.
De como Cervantes encontró casa de la tía Zarandaja más de lo
quehabía querido buscar.
Suspenso quedose Miguel de Cervantes, cuando hubieron
desaparecido doñaGuiomar, Margarita y Florela.
Amor, celos y rendimiento, hasta tocar en los límites de la
locura,había visto en su bella indiana; que si ella no hubiese
estado enamoradahasta volverse loca por él, ni en su busca
hubiera enviado disfrazada asu doncella, ni a buscarle hubiera
