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llevarla a una posada ser no podía,que las posadas estaban de
ordinario llenas de gente mala y licenciosa,y más entonces, que
por la empresa que se preparaba contra el turco,había en Sevilla
cuatro banderas de infantería, a las que alistados losunos por su
amor a las armas y por lo grande del propósito, otros por
sunecesidad, y muchos por tener la inmunidad de bandera para
escapar delas garras de la justicia por desaguisados que habían
cometido, acudíana centenares soldados, que se desbandaban
por la ciudad y llenaban losmesones y las hospederías, gastando
alegremente el dinero que se lesdaba de enganche; hervía,
otrosí, Sevilla de marinería y gente de levade las galeras que en
el Guadalquivir estaban para embarcar la gente quese reclutase,
y no podía llevarse a cualquier parte, y dejarla sola, auna
doncella tal como Margarita, cuya hermosura era bastante, no ya
paraexcitar a soldado aventurero o galeote dejado de la mano de
Dios, sinoal mismo anacoreta San Antonio el del yermo.
Pues llevarla a su casa Cervantes, no podía ser, que él vivía
con trescamaradas, el mejor de los cuales no le hubiera querido
el diablo porempeño, y hubiera sido como meter una paloma en
un nido de gavilanes.
Urgía además antes que todo, acudir al desfallecimiento en
que Margaritase encontraba, y que era tal, que apenas si la pobre
joven podía dar unpaso, y colgada iba del brazo de Miguel, y
arrastrada y llevada por él,que no andando.
Hambre parecía tener la triste de días, y tal vez hambre había
sido laenfermedad de su madre.
IX
 

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