Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

El Maestrante

sanguijuelas, y haber clamadotanto por la reducción del contingente. ¿Con qué carase
presentaría a sus amigos de allí en adelante? Pasódías bien terribles. El
aborrecimiento al ejército y ala marina se hallaba tan profundamente arraigado ensu
corazón, que no podía extinguirse de pronto. Sinembargo, le era forzoso confesar que
la conducta nobilísimadel capitán Núñez lo había mermado poderosamente.El anhelo
de casar a sus hijas gozaba tantavida en el fondo de su ser como el desprecio de
lafuerza armada. ¡Cuánto le pesaba de haber vociferadotanto contra ésta! En su
tribulación llegaba a deplorarque Núñez perteneciese al arma de infantería. Sifuese
siquiera marino, disminuiría la gravedad delconflicto. Recordaba que en sus diatribas
contra elejercito hacia la salvedad de que era necesario conservaralgunos barcos para
proteger las colonias. Lomismo podía decirse si perteneciese a la Guardia civil.En
cuanto a las demás fuerzas de tierra, no cabía disculpani había medio de salir del
aprieto.
En tan terribles circunstancias optó por encerrarseen casa. Cuando alguna vez salía,
andabareceloso y huido. Los amores de su hija se fueronhaciendo más formales y
cada vez más públicos.Temía las bromas. El miedo le hizo claudicar,adoptando un
proceder doble y falso, indigno porcompleto de su carácter y antecedentes. Es
decirque, mientras públicamente seguía afectandodesprecio hacia las fuerzas de tierra,
cuandohablaba con el novio de su hija o entre militares,lo hacía con agasajo, les
preguntaba coninterés por su carrera, lo mismo que si prestasenservicios en cualquier
oficina civil del Estado.Nadie sospecharía al oírle enterarse tanminuciosamente del
escalafón, de las reservas yreemplazos, etc., que aquel hombre les tenía juradoodio
eterno. Pero el Jubilado llegó con eltiempo a una distinción que nunca se había
atrevidoa proponer. Como militares no transigíacon ellos, los consideraba una
verdadera plagasocial... Ahora, «como hombres,» bien podían serdignos de
estimación, según sus cualidades.
Los amores de Emilita habían nacido y crecidocomo otros muchos en casa de las de
Meré.Eran éstas dos señoritas que pasaban de losochenta y no llegaban a los cien
años. De todosmodos, a la entrada del siglo XIX eran ya maduras.No tenían en Lancia
familia alguna. Ningunode los vivos recordaba a su padre, que habíamuerto cuando
todavía eran mocitas. Estuvoempleado en el ramo de Hacienda. Es de suponer,dada su
remota antigüedad, que sería percibidorde alcabalas o de otros pechos ya
extinguidos.Del siglo XVIII, al cual pertenecían, teníanaquellas interesantes señoritas
en primerlugar el traje. Jamás pudieron entrar por las modasdel presente. Una saya de
cúbica negra muyescurrida con plomos por debajo para que se escurrieratodavía más,
talle muy alto, mangaapretada con bullones, zapatito de tabinete descotadoy un tocado
inverosímil de puro extravagante:así se presentaban en todas partes. Lamantilla que
usaban no era de velo, sino desarga con franja de terciopelo, como las usanahora
solamente las artesanas. Llevaban bastónpara apoyarse. Conservaban además la
cortesíaexquisita, la ligereza de carácter, la pasión porla sociedad y una alegría
Remove