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El Maestrante

Como se sospechaba en Lancia, el matrimoniode Amalia con D. Pedro fue
impuesto aaquélla por su familia, que agonizaba de hambre.D. Antonio Sanchiz,
padre de la dama, eraun mayorazgo valenciano que había consumidocon el juego y las
mujeres las tres cuartas partesde su hacienda. La cuarta que restaba se encargóde
consumirla por los mismos medios suhijo primogénito, que había heredado
idénticosgustos. Amalia era la última de los cinco hermanos,cuatro hembras y un
varón. Su hermanaprimera, a quien habían tocado aún algunos rayosdébiles del
esplendor de la casa, logró casarventajosamente con el hijo de un banquero rico.Nada
aprovechó a su familia. Ni D. Antonio nisu hijo Antoñito pudieron ver el color de
lasmonedas de su yerno y cuñado respectivamente.Las otras dos también casaron con
jóvenes distinguidos,pero sin dinero. Amalia floreció enmediode la total ruina de su
casa. Ni su figuragraciosa y delicada, ni su clara estirpe le valieronpara llamar la
atención de los hombres.El conocido desastre de la casa y la deplorablereputación de
su padre y hermano pusieron entorno de ella una valla que ninguno se atrevía asaltar.
Bien lo echó de ver enseguida y rehuyóenamorarse de los que, por pasatiempo o
galantería,la festejaban. No era tipo acabado de belleza;faltábale gallardía en la figura,
amplitud deformas, color en las mejillas. Mas apesar de sucuerpecito menudo y no del
todo bien conformado,y de la palidez constante de su rostro,poseía especial atractivo,
que cuantos la veían,y aún más los que la trataban, se complacíanen afirmar. Provenía
éste principalmente desus grandes ojos negros expresivos: el alma seasomaba a ellos
reflejando las más leves y fugacesemociones; ora ardían con fuego
maliciosorevelando la pasión recóndita, insaciable, ora seaquietaban extáticos,
límpidos, en arrobo místico;ahora brillaban alegres y bulliciosos,
enseguidamelancólicos, tan pronto secos como húmedos,tan pronto tiernos como
iracundos. Provenía tambiénde su movilidad, de la agudeza de su ingenioy del metal
de su voz simpático e insinuante.Era, en suma, una mujer graciosa e interesante.
No se sabe si por orgullo o porque realmentesu temperamento ardiente y borrascoso
le solicitasea ello, mostrose desdeñosa con los jóvenesricos que galantemente la
requebraban sin decidirsea pedir su mano, y entregó el corazón aun muchacho
humilde, a un escribientillo del gobiernopolítico con cuatro mil reales de sueldo,hijo
de un maestro de escuela. La sangre azulde los Sanchiz brincó de cólera en las venas
deD. Antonio, de Antoñito, de sus hermanas yhasta en las del banquero, su cuñado,
que nola tenía. Hubo de sufrir activa y feroz persecución.Pero como no le faltaban
ánimos y estabadotada además de un espíritu ingenioso ytravieso, fértil en toda clase
de diabluras, es locierto que se burló de ellos largo tiempo, quede nada valieron los
ruegos, las amenazas, ni latemporada que la tuvieron recluida en un convento.Si el
escribiente no llega a morirse deuna tisis que le concluyó en pocos meses, es
casiseguro que la muy noble y necesitada casa delos Sanchiz sufriera el baldón de
emparentar conel hijo de un maestro de escuela.
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