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El Maestrante

cautelosamente y les entregó laniña dormida. Amalia se sentó, haciéndola
descansaren su regazo. Ambos la contemplaronlargo rato en silencio con éxtasis,
pendientes dellevísimo soplo que hinchaba y deshinchabaaquel tierno cuerpecito. Fue
un instante feliz.El conde, olvidado de sus temores, se calmó:una sonrisa de vivo
placer se esparció por sufisonomía dulce y melancólica. Trascurrían losminutos, y ni
uno ni otro rompían aquel silenciodichoso ni se distraían un punto de la
atenciónintensa en que sus espíritus se confundían.Aquel ser diminuto, inconsciente,
aquel pedacitode carne rosada se reflejaba igualmente ensus ojos y ataba con hilos
invisibles sus almasy sus vidas.
—¡Qué hermosa es! Se parece a tí—murmuróel conde con tan blando acento que
apenas sillegó a los oídos de su amante.
—Aún más a tí—respondió ésta en la mismavoz apagada.
Luego, por un movimiento simultáneo, ambosvolvieron la cabeza y se miraron
larga, intensamente,con amor.
—Te adoro, Amalia—dijo él.
—Te quiero, Luis—respondió ella. Sus manosse buscaron y se apretaron
tiernamente: sus cabezasse inclinaron para cambiar un beso casto.
IV
Historia de aquellos amores.
Casto, sí. Quizá el primero en sus yalargos amores. Todo lo que de tiernoy poético
se desprendía de ellos, comoun perfume, vino de pronto a embriagarlos, ahacerlos
dichosos. Se desvaneció el remordimiento,que pesaba sin cesar en el alma delicadadel
conde, la agitación insana que a ambosatormentaba, el ardor, la violencia, la
amarguraqué iba oculta en el fondo de sus deliquios amorososcomo el gusano en el
cáliz de la rosa. Noquedó más que el amor puro, el amor satisfecho,el amor
consagrado por la santa y misteriosafuerza de renovación que habita en el seno de
lanaturaleza.
¡Si se hubieran conocido antes! ¡Cuántas vecesse habían repetido esta frase de los
adúlteros!Si se hubieran conocido antes, probablemente sehubieran separado sin
sentir el más insignificantemovimiento de atracción. El amor se
alimentaprincipalmente de dificultades, le placen los terrenosmovedizos batidos por la
borrasca. El deellos no pudo hallar tierra más adecuada ni circunstanciasmás
favorables para su germinación.
 
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