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El Maestrante

—Phs... no sé... La dejaremos esta nocheaquí. Mañana le buscaremos una nodriza
quequiera tenerla en su casa... porque en ésta, a laverdad, es un trastorno.
—Si usted no quiere tenerla en casa, yo meencargo con mucho gusto de ella,
Amalia—dijoMaría Josefa, que estaba un poco apartada paseandoa la niña y
arrullándola para hacerlacallar.
—No he dicho que no quería—manifestó conviveza la dama.—Recogeré esa niña,
porquetengo más obligación que nadie, ya que me laconfían... Pero, como usted
comprende, parahacerlo necesito contar con mi marido.
Los tertulios aprobaron estas palabras con unmurmullo.
Justamente se presentaba Manín preguntandode parte de D. Pedro qué significaba
aquel ruido.Se le explicó. El señor de Quiñones se hizotrasladar de nuevo en su sillón
con ruedas a lasala; vio a la niña y se interesó extremadamentepor ella.
Inmediatamente declaró que no saldríade su casa, ordenando a un criado que
alamanecer fuese en busca de nodriza.
Por lo pronto se trajo a la criatura leche y téen un frasco con pezón de goma; se la
abrigócon más y mejor ropa. Los tertulios presenciaroncon cariñoso interés estas
operaciones. Lasseñoras lanzaban gritos de entusiasmo; se lesarrasaban los ojos de
lágrimas al ver el ansiacon que la mamosa niña chupaba el pezón delfrasco. Así que
se hartó, despidiéronse todos denuevo, no sin depositar antes cada uno un besoen las
mejillas de la pobrecita expósita.
El conde de Onís no había desplegado los labiosen todo este tiempo. Se hallaba
retraído entercera o cuarta fila, siguiendo con ojos desusto los cuidados que a la
criatura se prodigaban.Y trató de irse con disimulo sin nueva despedida;pero Amalia
le detuvo con alarde deaudacia que le dejó petrificado.
—¿Qué es eso, conde, no quiere usted dar unbeso a mi pupila?
—¡Yo!... Sí, señora... no faltaba más.
Y pálido y trémulo, se aproximó y puso suslabios en la frente de la criatura,
mientras ladama le contemplaba con sonrisa provocativa ytriunfal.
III
La cita.
Esta fue la tercera noche en que elconde de Onís apenas pudo cerrar losojos. Nada
más natural que en lasdos anteriores estuviese agitado, calenturiento;pero ahora, ¿por
qué? Todo se había resueltocomo apetecía. La empresa se había llevado acabo con
 
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